viernes, 9 de junio de 2017

Los ocupas han vuelto

El año pasado tuvimos unos pajarillos ocupas en nuestra terraza, pero la cosa no salió muy bien, algo tuvimos que hacer mal porque abandonaron sus huevos.

Este año, más o menos a finales de abril, vimos que en la terraza de la cocina había por el suelo muchas plumas, pelo, pajas y otros materiales de construcción de nidos. Con esas pistas, se nos ocurrió mirar en la maceta vacía que tenemos en lo alto de la estantería, que es en la que el año pasado pusieron huevos los pajarillos ocupas. No habíamos llegado a quitar de ahí la maceta, quizás con la esperanza de que nos dieran una nueva oportunidad y nos volvieran a visitar. Estaba claro, los pajaros volvían a construir su nido ahí, incluso los veíamos entrar y salir por entre las lamas de la ventana.

A los pocos días, veíamos que no seguían construyendo su nido, pero sí que estaban dentro de él porque cuando abríamos la puerta salían volando asustados. Fue entonces cuando vimos que habían puesto 4 huevos y los estaban incubando. A los pocos días ya había 5 huevos. Aprovechábamos a mirar cuando no estaban y con mucho más cuidado que el año pasado porque no queríamos estropear nada.

Al poco tiempo nos enteramos de que los pájaros en cuestión eran gorriones y que se trataba de una pareja. Estuvimos buscando información al respecto y resulta que estos pájaros viven en pareja y pueden incubar varias tandas de huevos a lo largo de la temporada. Ya distinguíamos claramente quién era el macho y quien la hembra y veíamos como se turnaban para incubar sus huevos. También supimos que los huevos eclosionarían en menos de 2 semanas. Teníamos mucho miedo cada vez que salíamos a la terraza por si se asustaban y volvían a abandonar el nido. Lo cierto es que era alucinante comprobar que se iban del nido asustados cuando salíamos pero se esperaban fuera en un muro que hay en la urbanización y volvían en cuanto sentían que ya no había peligro.


De pronto aparecieron varias pistas que nos indicaron que algo había pasado con los huevos: vimos a los padres llegar con algo en el pico y descubrimos que había una cáscara de huevo en el suelo. Como no podíamos más de la emoción tuvimos que mirar a ver qué había pasado. Resultó que los gorriones habían nacido. Solo se podía distinguir que eran pequeñísimos, no tenían plumas y estaban cubiertos en algunos sitios por una especie de pelo fino. No podíamos saber cuántos eran en ese momento. Pero sí nos dimos cuenta de que debían tener mucha hambre porque los padres no hacían más que ir y venir con comida.

A la vuelta de un fin de semana que estuvimos fuera, descubrimos que algo no iba bien porque había un pajarillo muerto tirado en el suelo, a cierta distancia del nido como para pensar que se había caído él solo. Dedujimos que este pájaro había muerto hacía poco tiempo porque ya no era recién nacido y los padres lo habían sacado del nido. Dos días después vimos otro pajarillo colgando por fuera de la maceta. Este sí que era recién nacido, por lo que supusimos que llevaba muerto desde el principio y los padres lo habían sacado para mantener a los otros 3 sanos y salvos. Nos dio mucha pena, pero son las cosas que pasan en la naturaleza.

Durante un tiempo, los padres no hacían más que entrar y salir con comida. Se veía claramente qué tipo de comida traían: insectos, larvas, arañas. Nos daba cosa tender la ropa en nuestro tendedero por si se ensuciaba con esos bichos, pero nunca hemos notado nada. En muchas ocasiones coincidía que estábamos tendiendo la ropa cuando venían con la comida y entonces ellos se esperaban fuera, apoyados en las máquina del aire acondicionado. Pero a los pocos segundos volvían a intentar entrar de nuevo. Tantas veces lo intentaban que lo que ya hacíamos era salirnos de la terraza para que no se asustaran y que llevasen la comida al nido. Cuando veíamos que se iban, continuábamos con nuestra tarea.  En los últimos días ya no se asustaban tanto cuando estábamos fuera.

Con mucho miedo, cada 3 o 4 días íbamos mirando el nido para ver su evolución. Vimos cómo crecían de rápido y se iban llenando de plumas, cómo empezaban a piar y lo hacían cada vez más fuerte. Y sobretodo nos dimos cuenta del gran trabajo que hacían esos padres para alimentarlos.

La última vez que se me ocurrió mirar el nido, a las tres semanas de eclosionar más o menos, ví que habían crecido muchísimo. Me dí cuenta de que sólo había 2, algo había pasado. Me dispuse a hacerles una foto y de repente uno salió volando y se metió hacia la cocina. Del susto llamé corriendo al príncipe A y a la princesa Zeta para contárselo y además para que lo buscaran porque yo no lo veía por ningún sitio de la cocina. Resulta que se había metido debajo del armario de la entrada. Lo recuperaron y al intentar dejarlo de nuevo en el nido, el otro voló también y se escondió en la estantería, entre las cosas que allí se almacenan. ¡La que habíamos liado!

Lo que sucedió a partir de ahí fue que solo conseguimos volver a dejar uno dentro del nido y en su sito de nuevo. A los pocos segundos se subió desafiante al borde de la maceta y desde allí nos observaba, creo que incluso riéndose de nosotros. Y encima no se le ocurrió otra cosa que volar hasta detrás de la lavadora. En ese momento llegó la madre con comida y vio que sus polluelos no estaban en el nido. Miraba hacia el sitio donde se oía piar al pajarillo pero tampoco hizo nada por buscarlo, creo que estaba más preparada que nosotros para esa situación.

No sabíamos muy bien qué hacer e incluso pensamos en mover la lavadora para sacarlo, pero la princesa Zeta que observaba detrás de las cortinas nos dijo que ya había salido él solo. En ese momento vimos que era cierto, se estaba acercando andando por el suelo hacia la parte de la pared donde están las lamas. Después de la que habíamos liado, queríamos cogerlo para volverlo a dejar en el nido pero de repente, se escabulló por entre las lamas y ¡voló!.

Suponemos que sus hermanos ya hicieron lo mismo antes que él porque no los hemos vuelto a ver ni a escuchar. Los padres tampoco han vuelto al nido.

Y esta es nuestra bonita historia de segundas oportunidades. Tenemos una gran alegría por haber conseguido esta vez que los huevos sí salieran adelante y una gran tristeza por tener ahora un nido vacío. Pero, ¿quién sabe?, igual al año que viene nos vuelven a elegir.

viernes, 2 de junio de 2017

Suculentas sobre tierra volcánica

Por causas ajenas a nuestra voluntad (nuestra voluntad era que durasen mucho más tiempo) se nos quedó libre un cuenco de cristal en el que habíamos transplantado unos cáctus hace algún tiempo.

Y resulta que en la casa de los abuelos del pueblo había una maceta repleta de suculentas, que según había leído por ahí, son ideales para jardineros olvidadizos. Es por ello que nos trajimos unas cuantas de diferentes tamaños. Estas plantas retienen mucha agua en sus hojas, por eso no es necesario regarlas tan frecuentemente como otras.

También teníamos por ahí rondando un montón de pequeñas piedras volcánicas que nos habíamos traído de recuerdo de  nuestros viajes a Tenérife y Lanzarote.

Con todo ello, la princesa Zeta hizo una composición en el cuenco de cristal que bien podría pasar por ser algo comprado y habernos costado unos eurillos. Ahora tengo este pequeño y bonito jardín adornando mi mesa de la oficina.

 

viernes, 26 de mayo de 2017

Recogiendo cerezas en familia

Por suerte, los cerezos del pueblo maduran en diferente momento. Este año hemos estado en la primera parte de la recogida, que es cuando maduran las picotas. Y aunque la recogida fue un poco rápida, dados los compromisos deportivos adquiridos por los padres, no ha estado nada mal.

Lo mejor es que se han juntado todos los primos, al menos todos los que por el momento se pueden subir a una escalera sin mucho peligro. Todos se afanaban por llenar pronto sus cestas. 

Algunas estaban tan maduras que caían directamente al suelo al recoger otras. Pero las que se caen también se aprovechan, a no ser que las pise alguien, que con tanta gente era lo normal.

Me encantó ver a todas las generaciones juntas en la misma tarea. Bueno, no todas, a la mayor de todas nos la dejamos con su otra tarea favorita: haciendo punto. Si llega a venir nos da cien vueltas a todos, menuda es la abuelita.



viernes, 19 de mayo de 2017

Damos una vuelta a los pantalones

Esto es un día como otro cualquiera que te levantas y ves a tu hijo con los pantalones del chandal de siempre y no sabes si han encogido en el último lavado o es que tu hijo ha decidido pegar el estirón esa misma noche.

Y de largos no le quedaban bien, pero de cintura le siguen estando perfectos, así que hay que aprovecharlos para este verano y de paso cambiarlos un poco.

Lo que se me ocurrió fue cortarlos y coserles el dobladillo del revés, que no sé por qué pero los últimos pantalones cortos que hemos comprado ya iban así y al príncipe A les gustaron mucho. Y dispuesta a coser el dobladillo me acordé de que tenía una tira para hacer los dobladillos pegados con la plancha, que había comprado hace un montón de tiempo y que no había usado nunca. La verdad es que no han quedado muy mal, aunque no sé si durarán el primer lavado.

También hemos pintado, con rotuladores especiales para textil, los fantasmas y el comecocos del juego Pacman. Hay que tener cuidado y poner un cartón debajo de la tela por si se corre la tinta.

Y bueno, yo creo que para este verano nos van a venir muy bien. ;)

viernes, 12 de mayo de 2017

Personalizar zapatillas de lona

Quien no tiene unas zapatillas de lona personalizadas es porque no quiere. Después de ver esta entrada del blog Azucarillos de colores me vino a la cabeza que teníamos un par de zapatillas compradas hace unas semanas. Las zapatillas estaban pidiendo a gritos que les dibujáramos algo.

Solo hay que dibujar con un lápiz la figura que queramos hacer y repasar con un rotulador especial para textiles. El rotulador lo compré en la tienda de manualidades Mia mandarina y también estaba esperando su momento. Para terminar hay que pasar el secador de pelo sobre el dibujo para que se seque. Veremos cómo quedan tras el primer lavado.

Las de la princesa Zeta llevan un dibujo tipo Kawaii e hizo el dibujo ella misma. El príncipe A me pidió que dibujase algo de Clash Royale y esto es lo que nos salió.


viernes, 5 de mayo de 2017

Qué visitar en Tenerife

En otoño de 2012 estuvimos en Tenerife con los abuelos de Cuenca, aprovechando el puente de Todos los Santos. Era el primer viaje en avión que hacíamos con los niños, que por aquel entonces tenían 3 y 5 años, y la experiencia fue bastante buena.

Nos alojamos en un hotel de Puerto de la Cruz, al norte de Tenerife. Esta zona nos gustaba más que la zona sur porque, aunque el paisaje es volcánico, hay muchísima vegetación.

Unos días antes de llegar había habido un fuerte temporal en las islas y nos encontramos con bastantes árboles destrozados. Justamente llegamos en el momento de calma que sigue a la tempestad.

Y aquí es donde empezó nuestro cariño por las Islas Canarias.

Día 1

La verdad es que nuestro viaje empezó con un gran problema, menos mal que no siempre las primeras impresiones son las que quedan. Cuando llegamos a la agencia de alquiler de coches con la que habíamos reservado un coche para desplazarnos por la isla, nos dicen que no hay ningún coche reservado a nuestro nombre. Les dije que yo había hecho la reserva por teléfono para asegurarme de que íbamos a tener el coche y me dicen que parecía como si se hubiese hecho un apunte de reserva pero que en realidad no había ningún coche reservado. Y que tampoco podían ofrecernos en ese momento nada con las características que estábamos pidiendo, que no eran otras que un coche donde pudiésemos viajar los 6. Os podéis imaginar la situación de estar sin coche cuando todo el viaje estaba planteado entorno a las rutas que íbamos a hacer por la isla. Lo peor de todo es que no intentaron buscarnos ninguna solución.

Por suerte, justo enfrente del hotel vimos que también se alquilaban coches y pudimos conseguir uno como el que estábamos buscando. Y, aunque casi tuvimos que empujarle para salir del garaje, que estaba en el sótano, nos solucionó el tremendo problema. Tanto es así que una hora más tarde ya estábamos en camino.

Icod de los vinos.

Por lo que es conocido este bonito pueblo es por el Parque del Drago, donde se encuentra el famoso drago milenario. Nosotros no entramos al parque, las fotos del drago las hicimos desde la plaza donde está la Iglesia de San Marcos. Habíamos leído que la gente hacía eso y la verdad es que había mucha gente haciéndose fotos desde ahí. Lo que sí hicimos es probar el vino y el queso que te ofrecen en las múltiples tiendas que hay en la zona. Y llevarnos algunos recuerdos en forma de botellas de vino, eso también lo hicimos.

Acantilados de los Gigantes.

La ruta del día continuó hasta los Acantilados de los Gigantes, situados en la zona costera del municipio de Santiago del Teide, en la zona este de la isla. Se trata de acantilados de hasta 600 metros de altura que impresionan mucho. La carretera hasta llegar a la zona de la costa desde donde se pueden ver los acantilados es muy montañosa, llena de pendientes y curvas. 

Aquí nos faltó hacer una excursión en barco para poder admirarlos en todo su esplendor, pero teníamos una agenda muy apretada. Eso lo haremos seguro en la siguiente visita

Caserío de Masca.

Esa misma tarde vivimos una experiencia única por el miedo que pasamos para llegar al lugar y luego para regresar. Masca está situado en una zona de muy difícil acceso, la carretera es muy estrecha, con muchísima pendiente y tiene infinidad de curvas, tan cerradas que en alguna ocasión tuvimos que hacer maniobras. Es sin dudas el viaje en coche más peligroso que he hecho. Tanto es así que, a pesar de las vistas, no sé si lo volvería a repetir. Además del peligro que tiene de día, imaginaos la vuelta, ya que se nos hizo de noche allí.


Día 2

El segundo día lo aprovechamos para dar un paseo por Puerto de la Cruz y ver los lagos Martiánez, un complejo de piscinas y pequeñas islas del que no pudimos disfrutar en esa ocasión.

Valle de La Orotava.

El Valle de La Orotava esta situado en el norte de Tenerife. Es un valle muy verde y con muchísima pendiente, de hecho, el término municipal de La Orotava incluye al Teide.

Todo el casco histórico es muy bonito, pero en concreto visitamos La Casa de los Balcones. Por fuera es una casa muy bonita donde destacan sus balcones y por dentro se trata de una especie de museo-tienda, donde se pueden ver muchas cosas típicas de la isla.

Aquí nos cayó una tromba de agua impresionante, menos mal que no nos pilló desprevenidos porque íbamos provistos con los chubasqueros que os había traído la abuela de regalo. Aunque las zapatillas del príncipe A no pudieron resistirlo y terminó con los pies chorreando.

San Cristobal de la Laguna.


Por la tarde paseamos por San Cristobal de la Laguna y como por la mañana los mayores no nos habíamos mojado, esta fue la ocasión adecuada. Acabamos todos chorreando de la que nos cayó encima y deseando llegar al hotel. Así que no pudimos ver lo que teníamos previsto. Así se puede entender que el paisaje fuera tan verde.


Día 3



La visita de este día era el plato fuerte de nuestro viaje. Y así de fuerte empezó la princesa Zeta, desayunando huevos fritos con jamón en el buffet del hotel. ¡Qué bien come mi niña! El príncipe A tampoco estuvo nada mal atacando la bandeja de churros.

Parque Nacional del Teide.

El Parque Nacional del Teide fue declarado parque nacional en 1954 y Patrimonio Mundial de la Humanidad en 2007. Además se trata del parque nacional más visitado de España y una auténtica maravilla de la naturaleza. Una visita imprescindible y un disfrute total para alguien como yo, a quien le encantan los paisajes volcánicos.

Nuestra idea era subir hasta el pico del Teide, y de hecho habíamos reservado para subir a pie el último tramo, justo a partir de donde te deja el teleférico. Pero tuvimos mala suerte y cuando llegamos no estaba funcionando el teleférico debido al mal tiempo. Y la verdad es que hacía una frío que pelaba, pero aprovechamos para pasear disfrutando del paisaje y hacer montones de fotos.


A la hora de comer les tenía guardada una gran sorpresa, y es que había reservado para comer en el Parador Nacional del Teide. Así que disfrutamos de una comida riquísima con unas vistas inmejorables.

Y estos son los recuerdos de un viaje hecho hace más de 4 años y cuyas imágenes las tengo aún muy presentes.