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viernes, 20 de abril de 2018

Partido de fútbol en un campo grande

Hace años odiaba el futbol y más aún oír hablar de ello. Todo porque había algunos compañeros de trabajo para los que el fútbol era su tema favorito y casi único de conversación. Pero todo pasa y aunque no llega al punto de que me encante, puedo decir que el fútbol como deporte me gusta.

Mis partidos favoritos de la temporada son los de la liga benjamín local, en la que juega el príncipe A. Me encanta ver a su equipo jugar y comprobar cómo con el tiempo van evolucionando a mejor. Lamentablemente el resultado no acompaña esta temporada. Seguro que vendrán tiempos mejores. Lo importante por ahora es divertirse, eso lo tenemos bastante claro. 

Tanto le gusta el fútbol al príncipe A que su regalo de cumpleaños fue una entrada para ir a ver a su equipo favorito, que no es otro que el Atlético de Madrid (me parece que en eso ha influido de manera determinante su abuelo paterno). Y precisamente con su abuelo paterno nos fuimos al nuevo estadio Wanda Metropolitano.

Decir que es impresionante es poco, aunque no tanto como el partido de los Bulls que disfrutamos en Chicago. Todo estaba muy bien organizado, se veía seguridad por todos los lados y había muchas familias con niños, como nosotros. Lástima que hacía frío y bastante viento. Aún así disfrutamos de un gran partido y encima ganó el equipo local. El príncipe A creo que hasta se emocionó de ver a su equipo meter tres goles. ¡Qué más podíamos pedir para un día en familia!

viernes, 3 de febrero de 2017

Aprendiendo a patinar

Hace como cosa de 3 o 4 años, se me ocurrió que teníamos que aprender a patinar. Me parecía a mí una cosa muy chula eso de ir a patinar en familia. Y es por ello que, exceptuando el príncipe A que era aún muy pequeño, el resto nos apuntamos a clases de patinaje en linea.

Para nosotros suponía un gran esfuerzo asistir a las clases porque teníamos que dejar al príncipe A con su tía (él tan contento, claro) e irnos a un barrio que nos pillaba un poco lejos de donde vivíamos y era donde se daban las clases.

Unos días antes de empezar las clases fuimos a comprarnos los patines. Suponíamos que había que ir con patines a la primera clase (aunque yo dije de ir sin patines y que nos informasen de qué tipo de patines nos vendría mejor). Ya en la tienda, mirábamos la estantería donde estaban los patines como el burro que ve pasar el tren, sin idea de qué tipo de patines nos convenía ni nada de nada. Pero salimos de la tienda con patines, bolsa para los patines y todo tipo de protecciones: coderas, rodilleras y una cosa para proteger las muñecas que no había visto en mi vida. Sólo nos faltó el casco y la verdad es que nos hubiese venido muy bien.

El primer día de clase lo recordaré toda mi vida, creo que nunca he sudado más haciendo menos. La cosa empezó bastante mal cuando entró el profesor con los patines puestos, muy profesional él haciendo giros y se pegó una leche contra unas vallas que había apartadas a un lado. Yo no sabía si reír o llorar, si al profesor le pasaba eso, no te quiero ni contar a los que no teníamos ni idea de patinar. Pero no, el primer día no me iba a pasar a mí eso ni por asomo porque no conseguí levantarme del suelo. Sí, desde la barrera las cosas se ven muy fáciles, pero yo me pasé una hora sudando como un pollo e intentando ponerme de pie. Lo pasé realmente mal. Hay que decir que a mi pareja no se le dio tan mal como a mí, creo que soy una negada total para el patinaje. Por suerte, a la princesa Zeta le tocó una profesora distinta.

Y así pasamos algunas semanas, en las que ya conseguí levantarme del suelo e incluso dar algunas vueltas a los circuitos que nos hacían. Pasó el tiempo e incluso cambiamos de profesor y, aunque mejoró un poco la cosa, a día de hoy no me veo para nada suelta con los patines, más bien con más miedo que otra cosa. 

Y como creo que es muy importante aprender a patinar cuando somos pequeños (cuanto más bajitos más fácil es), al príncipe A le regalamos unos patines para su cumpleaños y fuimos a estrenarlos. La princesa Zeta también cogió los suyos, que los tenía abandonados y claro, pasó lo que tenía que pasar, no le cabía el pie. La cara de decepción que puso fue total, pero como la solución pasaba por otra visita a la tienda de deportes, allá que nos fuimos otra vez. 

La princesa Zeta va muy suelta, el príncipe A creo que ha nacido para patinar pero, ¿y el resto, seremos capaces de ponernos de nuevo los patines o seguiremos viendo el espectáculo desde la barrera?

viernes, 23 de diciembre de 2016

Otra vez corriendo en Aranjuez

El día acompañó mucho, hacía frío pero con sol. Tardamos un poco en encontrar aparcamiento pero porque llegamos más tarde que otros años. En años anteriores teníamos que llegar mucho antes del inicio de la carrera porque los niños también corrían y sus dorsales se consiguen justo antes de la carrera. Este año fuimos sin niños.

La familia que nos iba a acompañar llegó justo a la vez que nosotros, a pesar del madrugón que se habían tenido que pegar.

La cosa empezó bien, nos pusimos a colocarnos los dorsales en un banco que había al lado de donde estaba aparcado el coche, con la mala suerte de que a un corredor que había calentando por allí, se le ocurrió la genial idea de mearse en nuestro coche. Y mira que había coches. Menos mal que el señor nos confirmó que no había tocado el coche, sólo faltaba.

Y es que el tema de los baños es complicado en una carrera de este tipo. Se forman colas interminables, sobretodo en el de las chicas. Nosotras nos tuvimos que ir después de estar haciendo cola un rato o no llegábamos a la linea de salida. Dejaremos para otro día como resolvimos esa necesidad fisiológica. ;)

Justo llegando a la linea de salida, nos percatamos de que los chicos querían hacer la carrera por su cuenta y es que la comunicación en la pareja está sobrevalorada. Bueno, la verdad es que los entiendo, nosotras somos mucho más lentas, que le vamos a hacer.

Podría decir que disfruté mucho de la carrera y bla, bla, bla, pero estaría mintiendo. Lo pasé bastante peor que el año pasado, creo que me sobraron unos 6 kilómetros de carrera más o menos. En esta ocasión, la experiencia no fue un grado. 

Pero me alegré mucho de ver lo bien que lo llevaba mi hermana para ser una distancia que no corre habitualmente (o eso dice ella ;)). El caso es que ejerció de reportera dicharachera y gracias a eso tenemos un montón de fotos que corroboran que estuvimos allí.

viernes, 27 de mayo de 2016

Se acabó la liga de fútbol

En mi vida me hubiese imaginado estar diciendo que me da pena que se acabe la liga de fútbol, pero la vida da muchas vueltas.

Y eso que esta liga no es de esas en las que los futbolistas son tíos altos y fuertes y cobran un montón de pasta por divertirse. Esta liga es de esas en las que te diviertes tú, viendo como juegan unos deportistas en los que el mayor tiene 7 años.

Y mira que nos ha ido mal la temporada. Pero en estos casos más que nunca, lo verdaderamente importante es participar y sobretodo divertirse. 

El príncipe A tiene mucha suerte de pertenecer a este equipo, donde todos juegan, independientemente de sus habilidades.



El último partido no pudo acabar más contento. Empezó una jugada desde el área contraria y acabó llegando a la portería con gol incluido. Lo malo es que se le olvidó dedicárselo a su madre. ;)

viernes, 18 de diciembre de 2015

Un domingo en las carreras

Uno de los retos que tenía para este año era el de correr una carrera oficial de 10 kilómetros. Y por fin puedo decir que lo he conseguido. Bueno, realmente he corrido dos carreras de 10K en el último mes, pero una de ellas era un reto personal que tenía desde hace tiempo. Se trata de la carrera popular villa de Aranjuez, a la que llevo yendo de acompañante muchos años y este año, por fin me decidí a participar.

No puedo decir que fuera fácil porque corrí con dolor en el pie todo el tiempo, pero lo peor fue al terminar, que no podía andar. Es difícil de entender, sí, en la vida me hubiese imaginado eso de aficionarme a correr, y menos aún correr con dolor, pero en ese punto de locura estamos.

La carrera estuvo genial porque todo acompañó (hasta el dolor). El ambiente genial, como siempre. El tiempo buenísimo, siempre que hemos ido ha hecho muchísimo frío, pero esta vez hizo incluso demasiado sol al final, menos mal que me había echado protector solar. Además, hasta la familia se animó a acompañarnos. Por no hablar de los ánimos por parte de mi compañero de carrera, impagables.

Pero la mejor parte, sin duda, fue entrando a meta, y no sólo porque ya acabase la carrera, sino porque el príncipe A, que quería entrar corriendo conmigo, me cogió de la mano corriendo y me dijo que porqué habíamos tardado tanto. Se le hizo larga la espera al pobre, es lo que tiene estar en el pelotón de los lentos. ;)


lunes, 20 de abril de 2015

El partido de los Bulls

Como no puede ser de otra manera, si vas a Chicago tienes que ir a ver un partido de los Chicago Bulls. Aunque no te guste el baloncesto (ni el fútbol), como es mi caso. Pensándolo bien, hace un par de años fui a ver a la selección española de baloncesto y no estuvo mal, me pareció bastante entretenido. Claro, que un partido de la NBA no tiene nada que ver con un partido de baloncesto en España, aunque juegue Pau Gasol.

Las entradas se tuvieron que sacar con bastante antelación y nos costaron una pasta, a pesar de estar sentados en el quinto pino. Para mí mereció totalmente la pena, una espectáculo así no lo puedes ver todos los días.


La cosa empezó por la tarde, cuando dejamos a los primos al cuidado de una niñera para irnos en autobús al United Center, que es un pabellón deportivo compartido por los Bulls de la NBA y los Blackhawks de la NHL (éstos juegan al hockey). Pues este polideportivo nos pillaba justo en la calle paralela a donde nos alojábamos, eso sí, a unos 8 kilómetros y 25 minutos en autobús.

Después de dar casi la vuelta entera para dar con nuestra puerta pasamos al interior, donde hay mucho control para que no puedas pasar nada extraño. Como estaba prohibido pasar con armas, tuvimos que dejarlas fuera. ;) Para un europeo parece increíble este tipo de prohibiciones, pero claro, estábamos en Estados Unidos.

Cuando entras, la cosa ya impone bastante y te das cuenta de que son los reyes del show. En la planta baja había un grupo tocando en directo y en la primera planta había un dj poniendo música.

Según vas por el pasillo entrando a la zona de las gradas, ya se nota el ambientazo que hay en el interior y cuando ves la pista, las gradas llenas de gente, el murmullo, las luces, la música, ..., se te ponen los pelos de punta. 

No hubo ni un segundo para el aburrimiento. Las cheerleaders sólo salieron un momento al principio y al final del partido. La verdad es que suponía que saldrían en cada descanso, pero no fue así. En los descansos salieron niños bailando, niños cantando e incluso acróbatas. Hasta tiraban desde el techo pequeños paracaídas con algún tipo de regalo que no vimos, ya que estábamos sentados muy lejos.  Todo un espectáculo. Y para espectáculo el del señor que vendía las cervezas por nuestra zona, que debía llevar comisión de los 8 dólares que valía cada una por lo que se lo curraba el hombre.

Durante el partido no paraban de anunciar que si los Bulls conseguían más de 100 puntos darían hamburguesas de McDonalds a todos. Al final consiguieron 103 puntos frente a los Nicks de Nueva York, pero nos quedamos sin hamburguesas, ya que había que haber pedido el ticket antes. Pues ya lo sabemos para otra vez.

Otra cosa muy curiosa es que a la salida del pabellón había chicas sujetando carteles donde se leía algo así como "Conduzca con seguridad". 

Un espectáculo deportivo totalmente recomendable y que me gustaría repetir. 



lunes, 16 de marzo de 2015

Pasito a pasito

El pasado viernes, la princesa Zeta añadió un nuevo cinturón a su colección. 

Estuvo más tranquila y concentrada que otras veces y consiguió el cinturón de color naranja.

No puedo decir si lo hizo bien, mal o regular porque de kárate no tengo mucha idea, aunque imagino que próximamente nos tocará aprender más cosas sobre este deporte, suponiendo que le siga gustando tanto como hasta ahora.

Hubo parte del examen que ví a través de la tablet con la que estaba grabando una madre que estaba delante de mí. ¿La gente no se da cuenta que con un chisme así no deja ver a los demás y encima se lo está perdiendo en directo? Alucinante.