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viernes, 8 de febrero de 2019

51 cosas que hicimos en Islandia

Islandia es un país maravilloso si te gusta ver la naturaleza en su estado más puro. Tiene paisajes que te dejan realmente impresionado.

Islandia es también el país de los nombres impronunciables. Imposible saber qué querrán decir esas palabras kilométricas, pero ni por aproximación. Las que sí aprendimos de tanto verlas fueron foss ("cascada") y jökull (glaciar), porque las vimos muchas veces escritas.

Nuestro viaje fue un viaje familiar en caravana y lo hicimos en agosto de 2018. Estuvimos 8 días dando la vuelta completa al país y aún así no pudimos ver todas las maravillas naturales que ofrece.


Pero sí disfrutamos de al menos estas 51 cosas:

1.- A la llegada al aeropuerto de Keflavik nos lavamos las manos en el baño con agua caliente. Y es que los islandeses no les cuesta nada calentar el agua. La naturaleza misma se la proporciona ya caliente.

2.- La primera noche llegamos al camping Tjaldstæðið Laugarvatni a altas horas de la madrugada y estaba prácticamente desierto. Pudimos aparcar justo al lado de los baños y disfrutar del agua calentita con olor a azufre, o menos romántico, con ese olor a huevos podridos. Este olor nos acompañaría todo el viaje a la hora de ducharnos.

3.- En la zona de los geiseres, vimos cómo el agua discurría por el arcén de la carretera, de nuevo con su característico olor a azufre. Alguien tuvo la ocurrencia de meter el dedo en el agua porque no se creía que estuviera tan caliente. Sí, lo estaba.

4.- Nos mojamos con la nube de gotas que soltaba el impresionante geiser Strokkur. Este geiser es el más activo de Islandia. Es impresionante ver cómo erupciona cada 5 minutos aproximadamente y hasta una altura de unos 20 metros.

5.- Hicimos varias veces la compra en la cadena de supermercados Bonus, la del cerdito rosa tan bonito. Son los supermercados más baratos de Islandia. Como curiosidad, tienen separada en una habitación la zona de productos lácteos y perecederos y ahí hace un frío que pela. Abundan las conservas de pescado y el pescado seco.

6.- No tuvimos mucho tino en una de las compras y, queriendo comprar leche, compramos yogur en tetrabriks de un litro. Los yogures se llaman skyr y están buenísimos.

7.- Menos mal que desyunábamos ricos bollitos de canela (los favoritos de la princesa Zeta), también muy típicos en el país. Ah, no, que cogimos la bolsa equivocada y resultó ser una bolsa de bollitos de tomate y orégano, vamos, con sabor a pizza. Somos un poco desastres haciendo la compra.


8.- Bueno, el día que compramos salmón islandés acertamos. No era precisamente barato, pero estaba delicioso cocinado a la plancha.

9.- En ocasiones tuvimos que ceder el paso en algún puente. La carretera N1 es de doble sentido y rodea toda la isla, pero en algunos tramos, especialmente en algunos puentes, solo cabe un vehículo a la vez.

10.- Visitamos la cascada Gullfoss. En realidad son varias cascadas que levantan una gran nube. Nos tocó un día lluvioso y no pudimos ver el famoso arco iris que se ve en algunas fotos. El paraje es realmente espectacular y aunque está acotada la zona, puede resultar peligrosa no solo para los niños. De hecho vimos como una turista japonesa se escurrió porque el suelo estaba resbaladizo y cayó golpeándose la cabeza.

11.- Hicimos una ruta por el parque nacional de Thingvellir, donde se encuentra la zona de separación de las placas tectónicas americana y euroasiática. Dentro de algunos millones de años, Islandia se dividirá en dos.

12.- En la misma zona se encuentra la localización del que se supone fue el primer parlamento de un país europeo. Data nada menos que del año 930. El príncipe H y la princesa Zeta nos estuvieron explicando cosas muy interesantes sobre el tema, todo por un paquete de esas patatas fritas que no son patatas. En esta zona está la cascada Öxarárfoss.

13.- Estuvimos en la falda del volcán Snæfellsjökull (glaciar de Snæfell) donde Julio Verne situó la entrada para su "Viaje al centro de la tierra".

14.- Admiramos los preciosos paisajes llenos de marshmallows. Se trata de balas de heno que envuelven en plástico para que se conserven para el invierno. Según nos explicaron, los colores tenían que ver con el apoyo a distintas causas. Conseguimos hacer algunas fotos subidos encima, aunque nos dimos cuenta de que a los lugareños no les hacía mucha gracia que hiciéramos fotos ahí.


15.- Estuvimos comiendo muy cerca de la montaña Kirkfell, que últimamente sale en casi toda la publicidad que veo del país.

16.- También paseamos alrededor de la cascada Kirkjufellsfoss, que tenía bastantes ovejas pastando por los alrededores.

17.- En una ocasión tuvimos que parar la caravana para que unas cuantas ovejas cruzaran la carretera.

18.- Nos fotografiamos en la famosa cascada Godafoss. Sí, una cascada más. Me pareció bastante peligrosa, porque había que saltar por encima de algunas piedras para llegar a las mejores vistas.

19.- Subimos hasta el cráter del volcán Hverjfall. La pendiente no parecía tan pronunciada hasta que empezamos a subir. Creo que no estaba en muy buena forma porque me costó horrores. Desde arriba la vista al cráter y al paisaje circundante era magnifica.

20.- Fuimos atacados por una muchísimos mosquitos que había en el parking de acceso al volcán. Tantos había que era imposible hablar sin tragarte alguno.

21.- Pagamos con tarjeta de crédito por ir al baño en unas instalaciones que estaban al lado del volcán. Era la única forma de poder entrar sin saltarte el torno, claro. Desde luego no era para ir con prisas.


22.- Cansados de ver tantas cascadas y de escuchar la frase "¿Otra cascada?", vimos por casualidad una granja-restaurante al lado de la carretera cuando nos paramos a hacernos unas fotos con los marshmallows. Allá que fuimos a merendar (bueno, alguno se pidió una hamburguesa). Los niños dieron de comer a las vacas y vieron en directo cómo se ordeñaba. El lugar se llamaba Vogafjos Cowshed Cafe y nos encantó. Tanto la hamburguesa como los cafés y los postres caseros estaban buenísimos. Sin duda es un sitio para no perdérselo.

23.- Fuimos a ver la gruta Grjótagjá, que hace años usaban como una especie del balneario porque tenía piscinas de agua caliente en su interior. En la actualidad está inutilizada debido a un terremoto.

24.- Hicimos una ruta bajo la lluvia hasta la cascada Detifoss. El paisaje hasta ella parecía de otro planeta. Se trata de la cascada más caudalosa de Europa. Aunque no hubiese estado lloviendo nos hubiésemos mojado igual con la bruma que genera esa gran cantidad de agua cayendo. Otra cascada que me pareció bastante peligrosa para el turismo masivo. Menos mal que por ahora no es muy masivo. Desde esta cascada también se ve la cascada Selfoss, que está como un par de kilómetros río arriba. Lo dicho, cascadas para aburrir.

25.- Amanecimos muertos de frío en el camping Möðrudalur, en el que no tenían agua caliente en los grifos. Y la que salía estaba fría, pero fría de verdad. Apetecía muy poco ponerte a lavar los platos ahí. Fue sin duda el peor camping en el que estuvimos. La parte buena fue que había un pequeño parque hecho artesanalmente de madera y el príncipe A estuvo jugando mientras que preparábamos las caravanas para la ruta.

26.- Hubo una gran convivencia entre los primos, que se iban cambiando de caravana según les apetecía el juego de mesa que había en la otra. Porque otra cosa no, pero a juegos de mesa jugamos durante largas horas. De hecho hacíamos nuevas adquisiciones cuando parábamos en alguna tienda.

27.-Casi nos quedamos sin pantalones limpios para los pequeños, por no hablar del montón de calcetines mojados que iban secándose en una de las redes que tenía la caravana para enganchar cosas.

28.- Suerte que encontramos unas colchonetas gigantescas y se pusieron a saltar sobre ellas. Como estaban mojadas, al resbalarse hacían el trabajo de ir lavando los pantalones. Qué pena que esas colchonetas no se puedan poner en un país como el nuestro, estarían abrasando con poco sol que hiciese. Estoy segura de que es una de las mejores cosas que recuerdan del viaje.


29.- Jugaron al fútbol en un campo de hierba recién cortada.

30.- Descubrimos lo amable que puede ser la gente con los extranjeros cuando estos necesitan ayuda. Recibimos una gran ayuda por parte de una familia cuando conseguimos que entendieran lo que nos pasaba. Esto nos ocurrió en el pueblecito de Djúpivogur, en la calle Hamrar.

31.- En esa misma calle paramos a comer y cual fue nuestra sorpresa que al poco tiempo empezaron a parar más y más caravanas y llenamos la calle. Nos quedamos sin saber si eso había sido una casualidad porque no parecía especialmente apropiado para caravanas.

32.- Grandes y pequeños colaboramos en las tareas de fregar los platos, ordenar y limpiar la caravana. Tantas ganas de hacer cosas tenían los niños que incluso alguno se ofreció a hacernos de guía en el pueblo de Egilsstadir.

33.- Probamos la hamburguesa de reno y la pizza de langosta. El restaurante Kaffi Hornid en el pueblecito de Höfn nos encantó. Resultó que uno de los camareros era de Murcia.

34.- Hicimos un par de noches en el camping Skatfatell, al lado del glaciar del mismo nombre, en el Parque Nacional de Vatnajökull. La primera mañana madrugamos porque teníamos muchas ganas de ver un glaciar en vivo. Bueno, madrugué yo y una china que me encontré por el camino. Serían algo así como las 7 de la mañana y la lengua del  glaciar estaba más o menos a un kilómetro, así que como todos estaban durmiendo, me aventuré a ir. Fue una de las mejores sensaciones del viaje, acercarte tú solo (la china que caminaba por delante de mí había desaparecido) a la lengua del glaciar. Todo esto a una distancia más que prudencial, como indicaban las señales. Siempre recordaré ese murmullo que hacía el glaciar en su lentísimo movimiento, fue realmente impresionante.

35.- También fue impresionante ver la fauna y la flora de ese lugar en ese momento, adaptada a un clima tan extremo.


36.- Caminamos por encima de un glaciar, equipados con arneses y crampones. También nos dieron piolets, al parecer para que quedasen bonitos en las fotos. Luego nos daríamos cuenta de que los arneses eran por si nos tenían que sacar de algún agujero al que cayésemos. Tras pasar el susto inicial creyendo que te vas a caer rodando por la ladera del glaciar, la cosa fue bastante bien. Nos dejaron beber agua de los pequeños charcos que se hacían con el deshielo. Qué experiencia tan excepcional fue esta excursión y sobre todo darte cuenta de primera mano de los estragos que está haciendo el cambio climático.

37.- Hubo un momento en que la felicidad se hizo presente para la princesa Zeta en forma de costillas a la barbacoa, para otros fue más bien en forma de cerveza.

38.- Surcamos las aguas de la laguna glaciar Jokulsárlón en un bote anfibio. En esta laguna flotan los icebergs que se van desprendiendo del glaciar. Nos contaron que allí mismo se habían rodado unas escenas de una película de James Bond. En la laguna vimos una foca despistada que de vez en cuando sacaba la cabeza para que los turistas pudiésemos hacerle fotos.

39.- Algunos se mojaron los pies en la Diamonds Beach, que toma el nombre porque es donde van a parar al mar los icebergs que flotan en la laguna. A veces se depositan sobre la arena negra y los pequeños trozos de hielo parecen diamantes. El agua estaba realmente helada pero había algunas personas que se atrevieron a meterse dentro.

40.- Después de un día intenso, algunos nos atrevimos a hacer una ruta hasta la cascada Svartifoss, en la que al parecer se inspiró el arquitecto de la catedral de Reikiavik.

41.- Vimos los famosos trolls desde la playa de Vik y Myrdal. Este pueblo tiene una iglesia preciosa.

42.- Nos acercamos hasta la playa de Reynisfjara para ver los famosos frailecillos, que no son otra cosa que unos preciosos pingüinos con el pico de llamativos colores. Estos animales tienen sus nidos hechos sobre el acantilado y se van al mar algunas horas al día para comer.


43.- Contemplamos las columnas de basalto que se encuentran en esta playa, una de las más peligrosas del mundo por sus olas. Había carteles que lo indicaban debido a las vidas que se han cobrado.

44.- Tomarte una cerveza Viking, de 2,25 grados pero de medio litro para compensar, con el telón de fondo de la cascada Skógafoss no tuvo precio. La cerveza es muy cara en Islandia y según nos dijeron la venden con tan poca graduación por los problemas que hay de alcoholismo en el país.

45.- Paseamos por detrás de la cascada Seljalandsfoss. Tuvimos la precaución de colocarnos un chubasquero porque de ahí sales mojado sí o sí. Hicimos un video muy chulo que luego borramos sin querer.

46.- Los niños se hicieron una foto con un pingüino gigante que era un anuncio de esta zona de Islandia.

47.- Completamos la zona de caravanas del camping de Reikiavik. No reservamos plaza en ningún camping y de hecho había mucho hueco en todos los que estuvimos. Pero en este, que era uno de los mejores, tuvimos la suerte de poder pillar las dos últimas plazas que había para caravanas.

48.- Callejeamos por las preciosas calles de Reikiavik, una ciudad pequeña y bastante bonita. Vimos la original catedral (Hallgrímskirkja).

49.- Nos hicimos fotos en la escultura Sun Voyager, que recuerda a un barco vikingo y al esqueleto de una ballena.


50.- Para comer tomamos un riquísimo plato de pescado rebozado con patatas en Icelandic Fish&Chips, que se encuentra cerca del puerto. Nos encantó este sitio.

51.- Hablando de sitios de comer que nos encantaron, a la pastelería artesanal Brauð & Co  fuimos nada menos que dos veces el mismo día. Toda la bollería que probamos estaba buenísima, especialmente los rollos de canela y los croissants.

Si has llegado hasta aquí habrás visto que se pueden hacer muchas cosas si viajas a Islandia. Si quieres leer sobre este viaje contado desde otros puntos de vista, puedes mirar aquí:

Yo volvería ahora mismo con los ojos cerrados.

viernes, 16 de marzo de 2018

Qué hacer en Albacete: Liétor, Ayna y nacimiento del río Mundo

No hay nada mejor que hacer un viaje en familia, sobretodo si se trata de viajar con los primos. Por eso aprovechamos el puente de diciembre para ir a visitar algunos pueblos bonitos del sur de Albacete, en la Sierra del Segura. Creo que la provincia de Albacete es aún bastante desconocida en cuanto a turismo pero la verdad es que tiene pueblos preciosos.

El primer día fue un poco de toma de contacto con el pueblo donde nos alojábamos, Lietor. La casa donde nos alojamos estaba muy cerca de la plaza Mayor y en la parte más antigua del pueblo, donde las calles son tan estrechas que hay coches que no caben. Era un casa antigua pero restaurada, distribuida en varias plantas. Aunque la primera noche pasamos bastante frío, luego la cosa fue mejorando.

El día que llegamos, decidimos ir a comer a uno de los restaurantes del pueblo que tenía bastantes buenas críticas. Era tarde y como éramos 8, nos dijeron que tendríamos que esperar una media hora. Pues eso hicimos, esperar casi 45 minutos con los niños en la calle para que no molestasen demasiado. Pero lo suficientemente cerca para estar al tanto de si nos llamaban para entrar, ya que había una cristalera y veíamos perfectamente a las camareras y ellas a nosotras. Después de estar esos 45 minutos esperando, vemos como están recogiendo una mesa grande mientras que por la puerta entraba un grupo igual de numeroso que el nuestro. Los del grupo iban diciendo entre ellos que igual no tenían mesa para ellos pero que cerveza seguro que sí. Pues resulta que una de las camareras, con la que ya habíamos hablado antes, ante su pregunta de si hay mesa, les dice que se sienten. Nosotros entramos en ese momento a ver qué estaba ocurriendo y nos dice uno del grupo, con la confirmación de la camarera, que ellos tenían reserva. Nuestra cara fue un poema al ver la hora que era y lo que nos acababan de hacer. Yo en estos casos siempre opto por irme del sitio donde no quieren que esté. Así que eso hicimos, nos fuimos a la casa a dar de comer a los hambrientos y a estrenar la tan deseada barbacoa. Había pensado no decir el sitio, pero lo voy a hacer, no digo que trate así a todos los clientes, de hecho tiene buenas críticas, solo digo lo que nos pasó a nosotros. El sito se llama Posada Maruja. 



El día siguiente lo dedicamos a visitar el Nacimiento del Río Mundo, cerca de la localidad de Riopar. Dado que en el aparcamiento que está justo en el nacimiento hay un número limitado de plazas y era un día con muchos visitantes, decidimos aparcar en el aparcamiento que hay en el alto del Arenal e ir andando desde allí, en lugar de esperar el acceso en coche. Este aparcamiento está a unos 4 kilómetros del nacimiento.

Vimos que había gente que iba andando por el arcén desde el aparcamiento hasta la coger la carretera que lleva al nacimiento. Ese arcén es casi inexistente y además tiene un quitamiedos muy pegado. Lo mejor es ir justo por el otro lado del quitamiedos, por la parte baja del talud. Totalmente recomendable si vas con niños, tanto por el peligro que se evita y por lo bien que se lo pasan caminando entre los árboles. Y en esta ocasión además había nieve, valor añadido sin duda.

El resto del camino es por carretera, en la que te encuentras coches de vez en cuando, que son los que van o vuelven del aparcamiento que hay en el nacimiento.

El recorrido se hizo  muy ameno y los niños se lo pasaron genial. Dentro ya del propio nacimiento, había partes en las que estaba todo helado y otras un poco mejor. Caía poca agua pero aún así es un sitio muy bonito de ver. A pesar de estar todos ya algo cansados, también subimos al segundo mirador. Y otra vez de vuelta al coche, cargaditos de leña que nos íbamos encontrando por el camino. Preveíamos una noche fresca, que luego no lo fue tanto.



El tercer día nos acercamos a visitar Ayna, un pueblo realmente precioso por la ubicación en la que está. Yo había estado hacía unos cuantos años, con las compañeras de la universidad y me pareció un sitio precioso a la par que da un poco de miedo a personas con vértigo como yo.

Hicimos una parada en el mirador del Diablo, que está antes de llegar al pueblo y tiene unas vistas espectaculares del mismo. Otra parada obligatoria es en el mirador del Sidecar de la Rodea Grande, donde se encuentra una réplica del sidecar de la película "Amanece que no es poco". Y por supuesto, nos hicimos una foto subidos al sidecar.

Para comer habíamos reservado en un sitio donde sabíamos que había comidas típicas de Albacete, de esas contundentes de cuchara. Pero nuestro gozo en un pozo cuando nos dicen que sólo había carne a la parrilla. Y precisamente de eso ya veníamos llenos porque estábamos sacando bastante rendimiento a la barbacoa de la casa donde nos alojábamos.

Por la tarde hicimos una visita guiada por el pueblo donde nos contaron cosas muy interesantes como los encuentros "amanecistas" que hacen anualmente los fans de la famosa película. O que hay casas que al estar construidas en la roca, tienen habitaciones con una temperatura bajísima incluso en verano. También visitamos el museo etnológico, el castillo y la iglesia.

Cuando ya estaba casi anocheciendo, nos fuimos por nuestra cuenta hasta la parte baja del río para ver más sitios donde se había rodado la famosa película. Como no calculamos bien el tiempo, llegamos cuando ya había anochecido.

De esta excursión a Ayna también nos fuimos cargados de suspiros, que son los dulces típicos de la zona.



La mañana del último día la dedicamos a hacer una ruta guiada por Liétor. El pueblo está colgado en lo alto del valle del río Mundo y ya es bonito por esto, pero también tiene muchos sitios que visitar. Por ejemplo la ermita de Belén, la fuente del Pilar, la iglesia de Santiago donde también hay un pequeño museo y el convento de las Carmelitas, donde se pueden ver unos cuerpos momificados accediendo debajo del altar. También es muy curioso de ver el antiguo lavadero el Ramblón, habilitado como sala de exposiciones.

También tiene mucho encanto caminar por las estrechas callejuelas de trazado árabe y asomarse a los impresionantes miradores sobre el río Mundo.

Por la tarde hicimos otra ruta a nuestro aire, bajando hasta el río por la calle donde está el teatro auditorio y subiendo por la presa "Bermeja". El trayecto no fue mal, los niños estuvieron fabricando barcos con materiales vegetales que se encontraron por el camino y que luego echaron al agua, con resultados dispares. Pero la subida de nuevo hacia el pueblo se hizo bastante dura, además ya era de noche.

Con todo, el viaje fue estupendo y sin duda lo repetiría de nuevo, a ser posible cuando los días sean un poco más largos.

viernes, 23 de febrero de 2018

Qué hacer en el País Vasco (ii)

Continuamos con el viaje del verano pasado al País Vasco. Esta es la segunda parte del viaje, la primera parte del viaje no estuvo nada mal.

Día 5:

Este día tocaba visitar Vitoria, la capital del País Vasco. Intentamos aparcar en una zona donde no se pagase y que estuviese cerca de lo que queríamos visitar. Por eso nos dirigimos hacia la zona de la universidad y aparcamos por allí. En concreto, muy cerca del palacio Ajuria-Enea, que es la residencia del lehendakari vasco. Aquí presenciamos algo bastante curioso. Nosotros no teníamos previsto ver este palacio pero según íbamos dando un paseo, nos dimos cuenta del edificio del que se trataba. Estuvimos en la puerta unos minutos viéndolo y haciendo unas fotos y de repente se acercó un mensajero para llevar un paquete. Salió un ertzaina de una especie de garita que había cerca de la puerta y se dirigió hacia el mensajero. Le dijo que los paquetes se entregaban por otra puerta, y ante la pregunta del mensajero de cómo llegar a esa otra puerta, lo sorprendente es que el ertzaina le dijo que no tenía ni idea de cómo llegar  a la otra puerta. El mensajero se tuvo que ir con las mismas a buscarse la vida. Nos quedamos alucinando en colores.

Nosotros también nos fuimos de allí y nos dirigimos hacia la catedral de María Inmaculada Madre de la Iglesia, pasando por el parque de la Florida. Muy cerca de allí se encuentra la plaza de la Virgen Blanca y a continuación la plaza Mayor. Me pareció bastante curioso que tuvieran dos plazas, una al lado de la otra. A partir de aquí es donde arranca la zona conocida como "la almendra medieval", que recibe este nombre porque es la forma que adoptan sus calles. Se trata del casco histórico medieval de la ciudad. Dentro de este casco hstórico se encuentran algunos de los sitios más interesantes a visitar.


Uno de los lugares que nos pareció más interesante fue el museo Fournier de Naipes, situado en el palacio de Bendaña, que además es gratuito. Según nos dijeron, todos los museos que dependen de la diputación foral de Navarra son gratis. Es un museo interesantísimo acerca de la historia de los naipes y de esta famosa empresa española, la que fabrica las barajas de cartas con las que jugamos habitualmente. Otro museo que también visitamos fue el museo de Arqueología, que está justo al lado del museo anterior. Ambos museos se conocen como Bibat. Muy cerca de allí se encuentra la catedral de Santa María, que pensábamos visitar pero se encontraba de obras.

Una cosa curiosa sobre la ciudad de Vitoria es que hay mucha pendiente en algunas calles y han resuelto el problema mediante ascensores o escaleras mecánicas.

Para terminar la visita a la ciudad y como disfrute para los futboleros, fuimos a ver el estadio del Alavés C.F., el Mendizorroza.


Como aún quedaban horas de sol, se nos ocurrió sobre la marcha hacer unos pocos kilómetros más e ir hasta Guernica, que se nos había quedado pendiente el día anterior. Como no teníamos prevista la visita este día, llegamos casi cuando estaban cerrando. Pero con el tiempo justo para pasar a la Casa de Juntas y ver el emblemático roble o mejor dicho, uno de sus descendientes. Tanto el árbol como la Casa de Juntas son símbolos de la historia del pueblo vasco. Este municipio, que realmente se llama Guernica-Luno, fue bombardeado y casi totalmente destruido durante la guerra civil. Por todo el pueblo hay edificios reconstruidos y que quedan como vestigios de lo que allí pasó. Lo que ocurrió allí es un claro ejemplo de la destrucción que causan las guerras sobre la población civil, tal como Picasso plasmó en su famoso cuadro El Guernica.




Día 6:

Nuestra primera parada del día era la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, en el municipio de Bermeo. La mala suerte nos hizo elegir justo el día en el que celebraban una fiesta para despedir el verano y no dejaban pasar coches de turistas al parking que hay cerca. Tuvimos que aparcar bastante lejos de la ermita, junto con muchísimos coches más, utilizando el arcén de la carretera. La verdad es que no me gustó mucho la idea, pero ya que estábamos allí, no podíamos hacer otra cosa, no nos íbamos a ir sin visitarla. Supongo que tanta publicidad por la famosa serie "Juego de Tronos" ha hecho que vaya tanta gente que quiera visitarla. Una vez aparcado el coche tocaba la caminata hasta la ermita, con suelo de barro en algunos tramos, asfalto en otros tramos y piedras resbaladizas en el resto. Parece que está dando la impresión de que no disfuté mucho de la excursión, pues así fue. Tengo que decir que las vistas a la ermita, con esa escalinata en zigzag y el mar alrededor resulta espectacular de ver. Pero no sé realmente si volvería a subir los teóricos 241 escalones hasta llegar a la ermita. Los niños contaron los escalones a la ida y a la vuelta y a cada uno le salía un número distinto. Desde la ermita también hay unas bonitas vistas de la subida. Una vez allí arriba la tradición dice que hay que tocar la campana tres veces, según me corrigió una mujer que estaba viendo cómo yo tocaba solo una vez. También puedes comprar algún recuerdo de la ermita y hacer una foto de la misma por el módico precio de 1 euro, ahí es nada el negocio.
A la vuelta de nuevo hacia el coche, pasamos por la zona donde tenían los puestos de feria con cosas típicas  de la zona y compramos, cómo no, algunos dulces.


La parte final de la mañana la habíamos dejado para ir a visitar el bosque de Oma. Para llegar hasta el bosque pintado hay un recorrido circular de unos 7 kilómetros de un paisaje verde maravilloso. El bosque estaría más o menos en la mitad del recorrido. Se puede dejar el coche aparcado al inicio del mismo. A nosotros nos costó algo más de 2 horas en total, contando que hay muchos tramos cuesta arriba y que nos sentamos a comer un bocata. En este bosque, sobre los árboles, es donde plasmó su obra Agustín Ibarrola. Hay una serie de flechas en el suelo que te indican la posición en la que te debes colocarte para cada obra pintada sobre los árboles.

Por la tarde teníamos una cita en Deva, para una excursión que nos habían regalado en compensación por el problema que tuvimos en la excursión en barco que habíamos reservado para unos días antes. Esta excursión fue a pie hasta la playa de Santiago, donde nos explicaron cosas interesantes acerca de la formación del flysch. Al final de la excursión, ya que estábamos en la playa y aunque ya se estaban yendo los socorristas, algunos valientes se atrevieron a desafiar las frías aguas del mar Cantábrico y despojándose de su ropa se fueron a bañar. Vale, sí, otra vez me quedé sin bañarme en el Cantábrico, pero alguien tenía que quedarse haciendo las fotos y guardando la ropa.



Día 7:


Ya que estábamos en esta zona del norte de España no podíamos dejar de acercarnos a Pamplona. En esta ocasión sí que dejamos el coche en un parking que nos pareció que estaba bien situado, en la plaza del Baluarte. Desde allí nos dirigimos a la plaza del Castillo que está justo en el centro. Nosotros lo que queríamos era hacer el mismo recorrido que hacen los toros en los encierros de San Fermín (somos muy originales), pero hasta llegar a los corrales fuimos por otras calles, para no hacer el recorrido inverso.

El primer sitio que visitamos fue la catedral de Santa María la Real. Esta vez sí que entramos. Bueno, tres de nosotros entramos a visitar la catedral y también a ver una exposición que había sobre el origen de occidente. La exposición resultó interesante, creo que estaba muy bien ambientada, con recursos bastante originales. Como curiosidad, al comprar las entradas para la catedral, había una comparativa de precios de algunas catedrales de España, resultando la más cara la catedral de Toledo.

Después nos dirigimos hacia el Portal de Francia, en la muralla que rodea la parte norte de la ciudad. Muy cerca de allí es donde se encuentran los corrales donde encierran los toros para los encierros, aunque el resto del año se usa como aparcamiento. Desde los corrales hasta la plaza de toros hay paneles informativos sobre el recorrido.

La primera parada del recorrido fue la hornacina de San Fermín, figura a la que le cantan los mozos justo antes de que suelten los toros en cada encierro. Esta figura se encuentra en la cuesta de Santo Domingo. Seguimos caminando y enseguida se llega a la plaza del Ayuntamiento, que impresiona por su pequeño tamaño, sobretodo porque la hemos visto en la tele tantas veces repleta de gente al inicio de las fiestas que se supondría más grande. Esta plaza me gustó mucho. A la izquierda sale la calle Mercaderes y un poco más adelante a la derecha, la calle Estafeta, que lleva directamente hasta la plaza de toros.

Nosotros hicimos algunas paradas técnicas en la calle Estafeta para comprar algunos recuerdos, intentar levantar alguna que otra piedra y tomar algún que otro pintxo.

Terminamos por fin tomándonos un café en un banco al lado de la plaza de toros, mientras los niños jugaban en el parque infantil. A por el café alguien tuvo que ir dos veces, después de que los primeros cafés terminaran en el suelo. ;)

De vuelta al coche, pasamos por el monumento al Encierro, que se encuentra muy cerca de la plaza de toros. Se trata de una escultura de grandes dimensiones que representa a los mozos durante el encierro corriendo entre los toros.



Día 8:

Este fue el día de vuelta a casa pero queríamos aprovechar para ir a ver el edificio de la bodega marqués de Riscal en el municipio de Elciego (Álava). Nos dimos cuenta de que el edificio es mejor verlo desde lejos porque desde cerca no se aprecia en toda su dimensión y además no se puede entrar si no es con una visita guiada. Al ir con niños no nos apetecía mucho hacer esta visita guiada, así que compramos algunas botellas de vino y nos fuimos.

La siguiente parada era Soria, que nos pillaba más o menos de paso. Creo que si no hubiese sido así nunca hubiéramos pensado en ir a esa ciudad, desgraciadamente. La ciudad es bastante pequeña y el centro se puede recorrer facilmente. Primero visitamos la ermita de San Saturio, que está unos pocos kilómetros de la ciudad y luego callejeamos un poco. Al tratarse de un domingo las tiendas no estaban abiertas pero parecía que había cierto ambiente en los restaurantes al aire libre de la plaza Mayor y se veían algunas excursiones. Vimos la concatedral de San Pedro, el palacio de los condes de Gómara y alguna que otra pintura callejera.




Y esto es todo lo que dieron de sí los 8 días de viaje por el norte. Sin duda, con muchas ganas de repetir.

viernes, 16 de febrero de 2018

Qué hacer en el País Vasco (i)

Desde el verano pasado estoy pendiente de escribir sobre este fantástico viaje que hicimos a finales de agosto.

Particularmente tenía muchas ganas de visitar el País Vasco. En esta zona de España nunca había estado y siempre había tenido curiosidad por visitar. Por fin el verano pasado pudo ser.

Buscamos un apartamento que estuviese más o menos en el centro de la comunidad porque queríamos visitar todas las capitales, además de Pamplona. Alquilamos uno en Mendaro (Guipúzcoa), bien situado para acceder a la autovía y en una zona tranquila. Lo mejor desde luego fue utilizar las autovías de peaje siempre que se pudiese porque la orografía del terreno no es la más aconsejable cuando no conoces los lugares a los que vas. 

Día 1:

Como eso de madrugar no va con nosotros, al menos con parte de la familia, salimos tranquilamente hacia nuestro destino en el País Vasco. Casi de camino, porque nos tuvimos que desviar muy poco, estuvimos visitando el Valle Salado de Añana. Se trata de un valle en el que brotan manantiales de agua salada que es utilizada para la obtención de sal. Es muy curioso ver cómo se lleva el agua canalizada hasta unas eras donde se deja evaporar para extraer posteriormente la sal. Hacen visitas guiadas pero no nos daba tiempo a realizarlas, ya que teníamos que llegar a nuestro alojamiento a una determinada hora.

Nuestro alojamiento estaba en Mendaro, un pequeño pueblo rodeado de montañas de la provincia de Guipúzcoa. Como ya he dicho, lo elegimos porque estaba muy bien situado, cerca de la autovía, para poder llegar a todos lo sitios donde queríamos ir.

El pueblo en sí no era muy bonito, comparado con otros pueblos del País Vasco, pero a nosotros nos gustó igualmente porque no tenía nada que ver con el paisaje al que estamos acostumbrados. En este pueblo es donde estaba situado el hospital comarcal, precisamente en todo lo alto, como pudimos comprobar dando un paseo. Como curiosidad, el pueblo estaba dividido en dos mediante el río Deva, la carretera nacional y la vía del tren. Y por supuesto, como pudimos comprobar, disponía de un frontón.

También nos llamó mucho la atención que tuviesen tan en cuenta el tema del reciclaje. Debe ser de las pocas comunidades donde hay un contenedor de basura sólo para restos orgánicos. A ver si aprendemos por aquí.



Día 2:

Este fue uno de los días el día que con más ilusión había planificado. Tenía muchísimas ganas de visitar San Sebastián porque siempre había escuchado que era una de las ciudades más bonitas de España y la verdad es que no nos defraudó en absoluto.

Al final nos vino bien hacer la visita el domingo (teníamos en principio otros planes)  porque pudimos aparcar sin pagar cerca de los sitios que íbamos a visitar. Aparcamos a la altura de la playa de Ondarreta, pero como a unas tres calles de distancia de la playa. Vimos que mucha gente estaba haciendo lo mismo que nosotros, ya que en las calles más cercanas a la playa también había que pagar por aparcar incluso en domingo.


La primera impresión al llegar a la playa es de tranquilidad y limpieza, todo parecía estar en orden. Lo primero que hicimos, y que era una sorpresa para todos excepto para mí (me encanta hacer este tipo de cosas) fue subir al Monte Igueldo en funicular. A los niños les encantó, sobretodo cuando descubrieron que arriba había un pequeño parque de atracciones. Ellos se montaron en varias atracciones y a mí, que le tengo pánico a las alturas en general y a las montañas rusas en particular, me engañaron para que subiera en la "Montaña suiza". Menos mal que duraba poco tiempo, porque entre la velocidad que cogía aquel trasto y que estaba al borde de un precipicio, no sé cómo no empecé a gritar como una loca. A decir verdad, grité bastante.


Justo debajo del Monte Igueldo se encuentra el Peine del viento, la conocidísima escultura de Eduardo Chillida y uno de los sitios que hay que ver si vas a la ciudad. También nos dio tiempo a recorrer la famosísima playa de la Concha. Lo malo es que estaba un poco nublado y chispeaba, pero fue un paseo fantástico.


Como estábamos muy cerca del sur de Francia, también teníamos planeado llegar hasta S
an Juan de Luz esa tarde, pero una equivocación al poner la dirección en el GPS, nos llevó hasta Biarritz, que está un poco más al norte. Y ya que habíamos llegado hasta allí, no nos íbamos a dar la vuelta sin visitar la ciudad. Dejamos el coche en un parking, nos paseamos por la grande Plage y nos mojamos los pies gracias a un chaparrón que nos cayó mientras que estábamos buscando un sitio donde comprar unos croissants que se le habían antojado a la princesa Zeta. Menos mal que al final encontramos una pastelería preciosa donde compramos croissants, pasteles y unos macarons que tenían una pinta estupenda. Y es que al día siguiente había algo que celebrar.

Después volvimos a bajar hasta San Juan de Luz, un pueblo muy bonito con un paseo marítimo precioso. Aquí se nos ocurrió entrar a comprar pan a una panadería que tenía muy buena pinta por fuera, entendiendo que el pan francés es uno de los mejores del mundo. Pues nos debió tocar justo en la que hacen el pan malo. Compramos dos barras que resultaron ser el peor pan de todo el viaje, menos mal que a los niños no les importó mucho, dado el hambre que tenían.


Como aún nos quedaban algunas horas de sol, decidimos llegar hasta Hondarribia, pueblo que está separado de Hendaya (Francia) por medio del río Bidasoa. El casco histórico es muy pequeño pero bastante bonito.


Lo mejor de la jornada vino sobre las 9 de la noche, cuando nos disponíamos a volver al apartamento. Resultó que el coche no nos arrancaba, al parecer por la batería. Curiosamente nos habíamos gastado una pasta en la revisión que le hicimos pocos días antes del viaje. Pues ahí tuvimos que estar esperando, sentados en el muro de la alameda de Daniel Vázquez Díaz  hasta que vino la grúa para arrancar el coche y poder volver hasta el apartamento.



Día 3:

Este era el día más especial del viaje porque coincidía que era mi cumpleaños y les tenía preparadas una serie de sorpresas. Aunque las sorpresas también me las llevé yo, muy a mi pesar.


El día empezó mal, justo como había acabado el día anterior, con el coche que no arrancaba. Por suerte, la grúa vino muy pronto para arrancar el coche. Habíamos estado viendo que había un taller que tenía baterías disponibles de nuestro modelo justo en Zarautz, que era nuestra primera parada prevista para ese día, así que fuimos para allá. En el taller fueron bastante eficientes y se portaron muy bien, así que enseguida estábamos otra vez en ruta.


Lo primero que hicimos fue llegar hasta la playa para ver el "ratón de Guetaria" y de paso el restaurante de Karlos Arguiñano.


Desde allí nos dirigimos hasta Zumaia para visitar la ermita de San Telmo. El coche hay que aparcarlo en la parte baja del pueblo, en zona de pago, porque al casco histórico solo pueden subir en coche los residentes, al menos en verano. La ermita en sí no es nada del otro mundo, más allá de que fue donde se rodó parte de la película "8 apellidos vascos", pero lo que sí es realmente impresionante son las vistas que hay desde allí de la playa de Itzurun. En esta playa también se rodaron escenas de la serie "Juego de tronos", serie que no he visto pero sí vi por curiosidad esas escenas. Sin duda, la importancia de este lugar se da desde el punto de vista geológico, ya que aquí se reflejan en forma de una estructura sedimentaria llamada Flysch, más de 60 millones de años de la historia de la Tierra. A quien le interese un poco la Geología podrá entender cual fue mi sensación al estar en un lugar como ese. Definitivamente creo que me equivoqué al elegir la carrera.


Pues como he dicho, era mi cumpleaños y tenía una reserva sorpresa para comer en un restaurante del puerto llamado "Marina Berri". Creo que pocas veces he comido mejor. Elegimos ensalada de ventresca y rodaballo a la parrila, que resultaron deliciosos y los niños prefirieron arroz con bogavante, que les encantó.


Las sorpresas siguieron después porque había comprado tickets para dar una visita guiada en barco con la empresa Geoparkea que gestiona el geoparque de la costa vasca. En la visita nos iban a contar la historia de estos pequeños pueblos de la costa vasca y en especial nos explicarían qué era eso del flysch. El barco llegaría hasta Mutriku, visitaríamos el pueblo y volveríamos de nuevo a Zumaia.


El viaje de ida se dio con total normalidad y nos estuvieron contando que, pese a lo que pudiera parecer, estos pueblos no se dedicaban a la pesca, sino que se dedicaban a la construcción de barcos, en especial de barcos balleneros. Desembarcamos en Mutriku y visitamos el pueblo. Era un pueblo con un puerto muy pequeño y muy bonito, pero que tiene las mayores cuestas que he visto en mi vida. Una vez visitado el pueblo, con sus cuestas incluidas, volvimos al puerto para proseguir con el viaje de vuelta. Aquí llegó la sorpresa para mí y para todos los que estábamos allí, el barco tenía una avería y no podíamos regresar en él. Yo no sabía si reir o llorar, el día de mi cumpleaños y con los tickets comprados desde hacía semanas, no iba a poder hacer la excursión que tanto tiempo había estado esperando.

Con pocas explicaciones en un principio, tuvimos que volver otra vez hacia lo alto del pueblo para coger un autobús que nos llevaría hasta Deva, donde cogeríamos un tren que nos llevaría de nuevo a Zumaia, que es donde habíamos dejado el coche. Por supuesto, los niños encantados con eso de montar en autobús y en tren. En el viaje de vuelta yo le conté a la guía "mi historia" y se ofreció a contarnos allí mismo lo que nos hubiera contado en el barco acerca del flysch. La verdad es que al final no me fui con esa espinita clavada y se portaron muy bien porque, además de devolvernos el dinero de los tickets de ese día, nos regalaron otra excursión para un día después.

El día terminó mejor de lo que había empezado porque aunque tuve que soplar dos velas que indicaban un número muy alto de dos cifras, dimos buena cuenta de la caja de macarons que habíamos comprado el día anterior. Ah, y por fin acertaron con el regalo.




Día 4:

Teníamos pensado ir a Bilbao dos días antes, pero mi amigo Miguel me avisó de que era el último día de fiestas y estaría todo muy colapsado. Cuando llegamos, entendimos perfectamente por qué las llaman "las fiestas grandes de Bilbao". Según el tópico, tendemos a pensar que la zona de fiesta está un poco más al sur de la península, pero para nada. Y eso que lo que vimos fue únicamente cómo desmantelaban toda la infraestructura que habían montado, en la ribera del río, unos días antes para las fiestas.

Bilbao es actualmente una ciudad muy bonita y moderna donde "puedes ir a todos los sitios andando". Esto último me lo dijo mi amigo.


Aparcamos en el parking del Arenal, en el casco viejo y desde ahí pensábamos ir andando a recorrer buena parte de Bilbao. Lo primero que hicimos fue subir por la margen derecha del Nervión para ver el teatro Arriaga y llegar hasta el mercado de la Ribera. Este mercado me resultó más pequeño de lo que esperaba pero la zona de bares, con sus infinitas bandejas de pintxos, nos pareció de lo más alucinante.


Cruzando desde el mercado está la zona de las 7 calles, el verdadero casco histórico de Bilbao. Pasear por estas calles fue una verdadera gozada y más porque fuimos contando a los niños cosas curiosas sobre estas calles y buscando lugares de interés, como el único punto desde donde se ve la basílica de Begoña o la marca que indica hasta donde subió el agua en las inundaciones que se produjeron en los 80.

Desde allí nos dirigimos andando hasta la estación de metro de Abando, de la que habíamos leído que tenía unas bonitas vidrieras. Y la verdad es que eran bastante espectaculares.


A continuación nos fuimos caminando hasta la zona del Guggenheim, y pasamos justo por una calle desde la que hay una vista fantástica del famoso puente de Calatrava, con el que tantos problemas han tenido los bilbaínos. Lo que más nos impresionó desde la zona por donde llegábamos nosotros fue el colorido de la famosa escultura Puppy, pero una vez que te acercas ves que realmente se trata de un edificio espectacular y todo el entorno da una impresión de orden y tranquilidad.


Lo mejor de la jornada llegó en este momento, cuando quedamos con mi amigo para ir a tomar unos pintxos y unas cervezas. La primera cerveza  que pedimos fue una "pica", hasta que nos dimos cuenta de que eso era con limón. Ya no volvimos a pedir más de esas, nosotros es que somos más clásicos. Nos encantó esa cultura de los pintxos, es una auténtica maravilla que, aunque en otras zonas se ha intentado exportar, no hay ni punto de comparación.


Después de comer, ya con guía incluido, nos fuimos callejeando hasta la zona del estadio San Mamés, para que lo vieran los futboleros de la casa. Y después, por la margen izquierda de la ría fuimos paseando de nuevo hasta el Guggenheim, viendo la famosa Torre de Iberdrola que es actualmente el edificio más alto de Bilbao y la famosa grúa Carola, que se utilizaba en los astilleros para la construcción de grandes barcos y cuyo nombre tiene una historia detrás. En toda esa parte de la ría es donde estaban situados los grandes astilleros que se cerraron allá por los años 80. En la actualidad, toda esa parte de la ría ha sido remodelada e integrada en la ciudad. Fue impresionante ver el antes y el después en unos paneles situados en la parte de atrás del museo. En esa zona también se encuentran algunas esculturas bastante vanguardistas. La que más nos gustó fue la famosa Mamá. Se trata de una araña gigante que te acoge amorosamente entre sus patas.

La tarde terminó yendo en coche hasta Las Arenas, un barrio de Getxo, para ver el famoso puente de Vizcaya, que comunica este barrio con Portugalete y que es patrimonio de la Humanidad. Algunos no se conformaron solo con verlo, sino que también lo cruzaron. Por supuesto, yo soy de las que se quedó mirando, demasiado alto para mí.


Y para rematar la jornada, otra vez de pintxos por el barrio. Y además nos regalaron unos deliciosos bollos de mantequilla para desayunar al día siguiente.

Y como este viaje se está haciendo muy largo, pronto habrá una segunda parte.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Qué ver en Campo de Criptana

El paisaje manchego nunca ha sido de mis favoritos, me gustan más las zonas montañosas y si son con árboles mucho mejor. Pero este paisaje sin duda merece la pena y lo mejor es que no hay que irse muy lejos.

Se trata de Campo de Criptana, en Ciudad Real, donde la casualidad nos llevó un fin de semana de octubre. Y por la cantidad de gente que allí había (gente famosa incluida) se puede decir que es un destino bastante visitado.

Lo que más llama la atención del lugar son sin duda los molinos, aquellos que Don Quijote de la Mancha confundió con gigantes. Los molinos se encuentran en la parte más alta del pueblo, en el Cerro de la Paz y, por supuesto, no están colocados ahí por azar, sino que es una zona en la que las condiciones del viento son muy favorables. Los molinos tienen una serie de pequeñas ventanas en la parte superior, una por cada tipo de viento, de modo que el molinero iba abriendo las ventanas y poniendo un puñado de trigo en la parte del alfeizar para ser empujado por el viento. La ventana en la que hubiese llegado más lejos el trigo empujado por el viento era la candidata para orientar las aspas. Yo no conocía tantos tipos de vientos como nos explicaron. La maniobra de orientación de las aspas se realizaba moviendo el techo del molino, que es giratorio.

En los buenos tiempos hubo más de 30 molinos funcionando a pleno rendimiento, cuya propiedad era de la gente rica del pueblo que eran arrendados a los molineros. En cambio, ahora no queda ni una tercera parte, y sólo uno de ellos funciona con su cometido original, una vez al mes, para deleite de los visitantes.

Cada molino tiene su propio nombre, desde el Culebro, dedicado a Sara Montiel, al Poyatos, donde está ubicada la oficina de turismo. Nosotros pudimos visitar el molino Infanto por medio de una visita guiada y nos contaron muchísimas cosas interesantes acerca del funcionamiento del mismo.


En la misma visita guiada también pudimos ver el Museo dedicado a Sara Montiel y una casa cueva excavada en la roca con sus utensilios originales.

En el centro del pueblo también pudimos visitar la Plaza Mayor, con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y muy cerca de allí, el Pósito, antiguo almacén de cereales.


Pero si hay algo que destaca en el pueblo es su gastronomía, típicamente manchega. Nosotros lo pudimos comprobar en el restaurante Las Musas, situado justo al lado de los molinos. Podemos dar fe de que las gachas y las migas están espectaculares, por no hablar del cordero asado, que es para hacerle un monumento. El mismo restaurante es una zona de copas para la tarde-noche.



Pues esto es lo que dio de sí el fin de semana, en el que íbamos a ver un espectáculo de humor en muy buena compañía y nos encontramos con un lugar totalmente recomendable para visitar.

viernes, 20 de octubre de 2017

Excursión a Segóbriga y Uclés

Hace un par de fines de semanas hicimos una excursión al "Parque arqueológico de Segóbriga", donde se ubica la antigua ciudad romana de Segóbriga y que tiene también un pequeño museo con las piezas que se han ido encontrando en las excavaciones.

La princesa Zeta y el príncipe A tuvieron la suerte de que hicieron la excursión con sus abuelos y dos de sus tías, que hacía mucho tiempo que no se veían entre ellos.

Hicimos una vista guiada que estuvo muy interesante y entretenida, a pesar del calor que hacía. Nos explicaron que por allí pasaron diferentes civilizaciones y nos enseñaron los distintos edificios que tenía la ciudad en su momento de máximo esplendor. A pesar de que la ciudad sigue enterrada en su mayor parte, pudimos ver el teatro, el anfiteatro, lo poco que queda del circo, el acueducto, las termas, las calles principales y el foro. Y es que la ciudad fue construida para explotar las minas de "lapis especularis" que había a su alrededor, ya que este mineral era muy valorado en la Antigua Roma, utilizándose como el cristal actual.




Durante la vista, el príncipe A descubrió que no le gustaba la "Romanidad", palabra de su cosecha y que resultó ser muy acertada para lo que estaba viendo. Yo descubrí la de veces que un niño de 8 años te puede pedir que le digas números para pasarlos a números romanos. Al parecer era justo lo que estaba dando en matemáticas esa semana y al menos me quedé contenta de lo bien que se lo sabía (mucho mejor que yo).

Durante la visita tuvimos la suerte de que algunas personas de la asociación cultural "Hispania Romana" estaban visitando también el parque e iban caracterizados con vestimentas y objetos de la época, lo cual fue un auténtico plus. 




Por la tarde nos dio tiempo a acercarnos al Monasterio de Uclés, que está muy cerca. Al monasterio también lo llaman "El Escorial de la Mancha", aunque igual exageran un poco. Se trata de un edificio bastante majestuoso, de distintos estilos y que ha tenido diversos moradores a lo largo de la historia, desde la Orden de Santiago hasta campamentos y celebraciones de bodas que se realizan en la actualidad. Con la entrada te dan una audioguía donde te explican toda la historia del monasterio.

Y esto es todo lo que se puede hacer en un día de excursión, además de comer en un restaurante cercano llamado "El Vasco", donde nos sirvieron estupendamente y la comida estaba buenísima.

viernes, 5 de mayo de 2017

Qué visitar en Tenerife

En otoño de 2012 estuvimos en Tenerife con los abuelos de Cuenca, aprovechando el puente de Todos los Santos. Era el primer viaje en avión que hacíamos con los niños, que por aquel entonces tenían 3 y 5 años, y la experiencia fue bastante buena.

Nos alojamos en un hotel de Puerto de la Cruz, al norte de Tenerife. Esta zona nos gustaba más que la zona sur porque, aunque el paisaje es volcánico, hay muchísima vegetación.

Unos días antes de llegar había habido un fuerte temporal en las islas y nos encontramos con bastantes árboles destrozados. Justamente llegamos en el momento de calma que sigue a la tempestad.

Y aquí es donde empezó nuestro cariño por las Islas Canarias.

Día 1

La verdad es que nuestro viaje empezó con un gran problema, menos mal que no siempre las primeras impresiones son las que quedan. Cuando llegamos a la agencia de alquiler de coches con la que habíamos reservado un coche para desplazarnos por la isla, nos dicen que no hay ningún coche reservado a nuestro nombre. Les dije que yo había hecho la reserva por teléfono para asegurarme de que íbamos a tener el coche y me dicen que parecía como si se hubiese hecho un apunte de reserva pero que en realidad no había ningún coche reservado. Y que tampoco podían ofrecernos en ese momento nada con las características que estábamos pidiendo, que no eran otras que un coche donde pudiésemos viajar los 6. Os podéis imaginar la situación de estar sin coche cuando todo el viaje estaba planteado entorno a las rutas que íbamos a hacer por la isla. Lo peor de todo es que no intentaron buscarnos ninguna solución.

Por suerte, justo enfrente del hotel vimos que también se alquilaban coches y pudimos conseguir uno como el que estábamos buscando. Y, aunque casi tuvimos que empujarle para salir del garaje, que estaba en el sótano, nos solucionó el tremendo problema. Tanto es así que una hora más tarde ya estábamos en camino.

Icod de los vinos.

Por lo que es conocido este bonito pueblo es por el Parque del Drago, donde se encuentra el famoso drago milenario. Nosotros no entramos al parque, las fotos del drago las hicimos desde la plaza donde está la Iglesia de San Marcos. Habíamos leído que la gente hacía eso y la verdad es que había mucha gente haciéndose fotos desde ahí. Lo que sí hicimos es probar el vino y el queso que te ofrecen en las múltiples tiendas que hay en la zona. Y llevarnos algunos recuerdos en forma de botellas de vino, eso también lo hicimos.

Acantilados de los Gigantes.

La ruta del día continuó hasta los Acantilados de los Gigantes, situados en la zona costera del municipio de Santiago del Teide, en la zona este de la isla. Se trata de acantilados de hasta 600 metros de altura que impresionan mucho. La carretera hasta llegar a la zona de la costa desde donde se pueden ver los acantilados es muy montañosa, llena de pendientes y curvas. 

Aquí nos faltó hacer una excursión en barco para poder admirarlos en todo su esplendor, pero teníamos una agenda muy apretada. Eso lo haremos seguro en la siguiente visita

Caserío de Masca.

Esa misma tarde vivimos una experiencia única por el miedo que pasamos para llegar al lugar y luego para regresar. Masca está situado en una zona de muy difícil acceso, la carretera es muy estrecha, con muchísima pendiente y tiene infinidad de curvas, tan cerradas que en alguna ocasión tuvimos que hacer maniobras. Es sin dudas el viaje en coche más peligroso que he hecho. Tanto es así que, a pesar de las vistas, no sé si lo volvería a repetir. Además del peligro que tiene de día, imaginaos la vuelta, ya que se nos hizo de noche allí.


Día 2

El segundo día lo aprovechamos para dar un paseo por Puerto de la Cruz y ver los lagos Martiánez, un complejo de piscinas y pequeñas islas del que no pudimos disfrutar en esa ocasión.

Valle de La Orotava.

El Valle de La Orotava esta situado en el norte de Tenerife. Es un valle muy verde y con muchísima pendiente, de hecho, el término municipal de La Orotava incluye al Teide.

Todo el casco histórico es muy bonito, pero en concreto visitamos La Casa de los Balcones. Por fuera es una casa muy bonita donde destacan sus balcones y por dentro se trata de una especie de museo-tienda, donde se pueden ver muchas cosas típicas de la isla.

Aquí nos cayó una tromba de agua impresionante, menos mal que no nos pilló desprevenidos porque íbamos provistos con los chubasqueros que os había traído la abuela de regalo. Aunque las zapatillas del príncipe A no pudieron resistirlo y terminó con los pies chorreando.

San Cristobal de la Laguna.


Por la tarde paseamos por San Cristobal de la Laguna y como por la mañana los mayores no nos habíamos mojado, esta fue la ocasión adecuada. Acabamos todos chorreando de la que nos cayó encima y deseando llegar al hotel. Así que no pudimos ver lo que teníamos previsto. Así se puede entender que el paisaje fuera tan verde.


Día 3



La visita de este día era el plato fuerte de nuestro viaje. Y así de fuerte empezó la princesa Zeta, desayunando huevos fritos con jamón en el buffet del hotel. ¡Qué bien come mi niña! El príncipe A tampoco estuvo nada mal atacando la bandeja de churros.

Parque Nacional del Teide.

El Parque Nacional del Teide fue declarado parque nacional en 1954 y Patrimonio Mundial de la Humanidad en 2007. Además se trata del parque nacional más visitado de España y una auténtica maravilla de la naturaleza. Una visita imprescindible y un disfrute total para alguien como yo, a quien le encantan los paisajes volcánicos.

Nuestra idea era subir hasta el pico del Teide, y de hecho habíamos reservado para subir a pie el último tramo, justo a partir de donde te deja el teleférico. Pero tuvimos mala suerte y cuando llegamos no estaba funcionando el teleférico debido al mal tiempo. Y la verdad es que hacía una frío que pelaba, pero aprovechamos para pasear disfrutando del paisaje y hacer montones de fotos.


A la hora de comer les tenía guardada una gran sorpresa, y es que había reservado para comer en el Parador Nacional del Teide. Así que disfrutamos de una comida riquísima con unas vistas inmejorables.

Y estos son los recuerdos de un viaje hecho hace más de 4 años y cuyas imágenes las tengo aún muy presentes.