La verdad es que nos encanta contar y escuchar cuentos. Algunas veces con finales inesperados, como el de esta Caperucita Roja.
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viernes, 2 de noviembre de 2018
viernes, 22 de junio de 2018
Cuidando la naturaleza
Hace unas semanas el principe A participó en un programa de radio junto a sus compañeros del colegio. En el programa se
trataron de diversos temas y a él le tocó hablar de las actifividades que hacía con su familia los fines de semana. Aunque
el programa lo habían preparado antes y sabía cada uno lo que tenía que decir, hubo un momento en que le hicieron una
pregunta y él improvisó. Estaba comentando que cuando iba a su pueblo con su familia hacían excursiones por el campo
andando. Entonces la entrevistadora le preguntó si se llevaba un picnic para merendar durante la excursión y él contestó
que a veces sí, pero que lo que casi siempre se llevaban era una bolsa para recoger basura que se encontraba por el camino.
Entonces la entrevistadora le dijo que le parecía genial eso.
Pues sí, es cierto, casi siempre que salimos al campo nos llevamos una bolsa (a veces más de una) para recoger la basura que nos vamos encontrando. Esto es algo que yo hago desde hace mucho y que mis hijos me han visto hacer desde que nacieron y después de escuchar a mi hijo en la radio diciendo eso, me doy cuenta de que esas cosas que ven desde pequeños se les van quedando grabadas.
Desgraciadamente las cosas malas también se les quedan, pero ahora vamos a hablar de las buenas. Y es que cuando salimos al campo o a cualquier sitio, debemos dejar el sitio al menos como nos lo hemos encontrado, y si podemos, mejor. No cuesta nada recoger la basura que generamos y si no encontramos papeleras en ese momento, nos la llevamos hasta que la podamos dejar en el lugar adecuado.
Ahora que se ha puesto de manifiesto lo contaminado que está el mar con los plásticos que utilizamos los humanos y que pueden llegar a la cadena alimentaria al comernos los peces, se hace más evidente que debemos cuidar la naturaleza. Y eso hay que empezarlo desde casa.
Pues sí, es cierto, casi siempre que salimos al campo nos llevamos una bolsa (a veces más de una) para recoger la basura que nos vamos encontrando. Esto es algo que yo hago desde hace mucho y que mis hijos me han visto hacer desde que nacieron y después de escuchar a mi hijo en la radio diciendo eso, me doy cuenta de que esas cosas que ven desde pequeños se les van quedando grabadas.
Desgraciadamente las cosas malas también se les quedan, pero ahora vamos a hablar de las buenas. Y es que cuando salimos al campo o a cualquier sitio, debemos dejar el sitio al menos como nos lo hemos encontrado, y si podemos, mejor. No cuesta nada recoger la basura que generamos y si no encontramos papeleras en ese momento, nos la llevamos hasta que la podamos dejar en el lugar adecuado.
Ahora que se ha puesto de manifiesto lo contaminado que está el mar con los plásticos que utilizamos los humanos y que pueden llegar a la cadena alimentaria al comernos los peces, se hace más evidente que debemos cuidar la naturaleza. Y eso hay que empezarlo desde casa.
viernes, 1 de junio de 2018
Los pájaros nos quieren
Los pájaros nos quieren, eso es un hecho. Tras haber hospedado un par de veces a una pareja de gorriones, este año hemos rescatado de una muerte segura a un mirlo. Sé que es un mirlo porque alguien me lo dijo después de enseñarle algunas fotos, no porque yo tenga conocimiento alguno sobre pájaros.
La cuestión es que hace unos días empezamos a escuchar piar a un pájaro, como si estuviese al otro lado de la pared, en la casa de los vecinos. Incluso el príncipe A se asustó una vez y vino a decirme que oía algo raro. En principio pensamos que los vecinos tenían una nueva mascota, pero cuando también empezamos a oír una especie de aleteo, como si las alas tocasen con algo, nos empezó a parecer algo más raro. Preguntamos a los vecinos si tenía un pájaro y nos dijeron que no, pero nos dijeron que también estaban oyendo los mismos ruidos. Entonces pensamos que lo más probable era que el pájaro se hubiese colado de algún modo por el conducto de ventilación de los baños, que mira que tiene mérito porque es nuestro piso es un primero y el conducto de ventilación sube hasta el tejado. Con esa hipótesis quitamos la rejilla que cierra el conducto de ventilación en nuestro baño para ver si el pobre pájaro salía por ahí. Incluso le pusimos una linterna para que viese la luz y pudiera acercarse mejor. Nada, pasaron varios días y el pájaro parecía no poder salir por ahí. Aunque seguíamos escuchando sus ruidos de vez en cuando, le auguramos una muerte segura.
Pasado algún tiempo y pensando que ya nada podríamos hacer por él, volvimos a escuchar ruidos. Esta vez eran ruidos de patas sobre la escayola del techo del baño. Sorprendidos por el hecho de que pudiera estar ahí el pájaro, quitamos uno de los focos que hay en el techo para ver si podíamos recatarlo por ahí. Y al poco de haberlo quitado, vemos como asoma la cabeza de un pájaro. Cerramos la puerta del baño rápidamente para que no se asuste con nuestra presencia e intentase salir de algún modo. La verdad es que no tardó nada en salir de ahí. No me extraña, con la de días que llevaba el pobre encerrado.
Al principio el pájaro no quería irse, le abrimos la ventana y se quedó en el alféizar, como pensando qué hacer. Yo creo que era un pájaro que había nacido hace poco y no estaba acostumbrado a ver ese espacio tan grande. La princesa Zeta y el príncipe A le pusieron de comer y de beber y aunque al principio parecía que no quería comer, terminó comiendo y bebiendo. Yo no quería que se acercaran mucho porque si se asustaba podría caerse sin querer, pero al final el pájaro no estaba nada asustado con nuestra presencia. Incluso el príncipe A lo tocó una vez, pese a haberle advertido que no lo hiciera, claro. Parecía tan contento con nosotros que tardó horas en volar de aquella ventana y nosotros mientras mirando al pájaro, más entretenidos que viendo una película.

La cuestión es que hace unos días empezamos a escuchar piar a un pájaro, como si estuviese al otro lado de la pared, en la casa de los vecinos. Incluso el príncipe A se asustó una vez y vino a decirme que oía algo raro. En principio pensamos que los vecinos tenían una nueva mascota, pero cuando también empezamos a oír una especie de aleteo, como si las alas tocasen con algo, nos empezó a parecer algo más raro. Preguntamos a los vecinos si tenía un pájaro y nos dijeron que no, pero nos dijeron que también estaban oyendo los mismos ruidos. Entonces pensamos que lo más probable era que el pájaro se hubiese colado de algún modo por el conducto de ventilación de los baños, que mira que tiene mérito porque es nuestro piso es un primero y el conducto de ventilación sube hasta el tejado. Con esa hipótesis quitamos la rejilla que cierra el conducto de ventilación en nuestro baño para ver si el pobre pájaro salía por ahí. Incluso le pusimos una linterna para que viese la luz y pudiera acercarse mejor. Nada, pasaron varios días y el pájaro parecía no poder salir por ahí. Aunque seguíamos escuchando sus ruidos de vez en cuando, le auguramos una muerte segura.
Pasado algún tiempo y pensando que ya nada podríamos hacer por él, volvimos a escuchar ruidos. Esta vez eran ruidos de patas sobre la escayola del techo del baño. Sorprendidos por el hecho de que pudiera estar ahí el pájaro, quitamos uno de los focos que hay en el techo para ver si podíamos recatarlo por ahí. Y al poco de haberlo quitado, vemos como asoma la cabeza de un pájaro. Cerramos la puerta del baño rápidamente para que no se asuste con nuestra presencia e intentase salir de algún modo. La verdad es que no tardó nada en salir de ahí. No me extraña, con la de días que llevaba el pobre encerrado.
Al principio el pájaro no quería irse, le abrimos la ventana y se quedó en el alféizar, como pensando qué hacer. Yo creo que era un pájaro que había nacido hace poco y no estaba acostumbrado a ver ese espacio tan grande. La princesa Zeta y el príncipe A le pusieron de comer y de beber y aunque al principio parecía que no quería comer, terminó comiendo y bebiendo. Yo no quería que se acercaran mucho porque si se asustaba podría caerse sin querer, pero al final el pájaro no estaba nada asustado con nuestra presencia. Incluso el príncipe A lo tocó una vez, pese a haberle advertido que no lo hiciera, claro. Parecía tan contento con nosotros que tardó horas en volar de aquella ventana y nosotros mientras mirando al pájaro, más entretenidos que viendo una película.

viernes, 4 de mayo de 2018
La historia de los mayos
Ahora que acabamos de empezar el mes de mayo me acuerdo de esta historia protagonizada por una niña pequeña y unas flores que en su casa llamaban "mayos" y que en realidad son dientes de león.
Érase una vez una niña que una tarde del mes de mayo salió a pasear con su madre y sus hermanos por las afueras de su pueblo. Era una tarde con mucho viento, que la hacía algo desapacible. La niña vio como las flores que llamaban "mayos" se mecían con el viento y pensó que no lo debían estar pasando nada bien. Quizás estarían mejor en otro sitio con menos viento y menos frío. Ni corta ni perezosa, a la vuelta del paseo le pidió a su madre un cubo, volvió al lugar donde estaban las flores y fue cortando todas las que pudo y echándolas al cubo. Cuando creyó que ya había rescatado suficientes flores, volvió a su casa con el botín. Allí estarían sin duda mucho más calentitas.
Moraleja: A veces la intención es buena pero los resultados no tanto.
Érase una vez una niña que una tarde del mes de mayo salió a pasear con su madre y sus hermanos por las afueras de su pueblo. Era una tarde con mucho viento, que la hacía algo desapacible. La niña vio como las flores que llamaban "mayos" se mecían con el viento y pensó que no lo debían estar pasando nada bien. Quizás estarían mejor en otro sitio con menos viento y menos frío. Ni corta ni perezosa, a la vuelta del paseo le pidió a su madre un cubo, volvió al lugar donde estaban las flores y fue cortando todas las que pudo y echándolas al cubo. Cuando creyó que ya había rescatado suficientes flores, volvió a su casa con el botín. Allí estarían sin duda mucho más calentitas.
Moraleja: A veces la intención es buena pero los resultados no tanto.
viernes, 23 de marzo de 2018
El rey y el tiburón
De cómo conectar la realeza y la vida marina con la informática:
"Hace mucho tiempo en una extraña isla vivían un rey y un tiburón.
El rey ayuda al tiburón a matar a los peces malignos que quieren destruir al tiburón. De pronto, el mago hizo un hechizo para que el tiburón se hiciese más fuerte.
Entonces el tiburón mata a los malvados peces y pierde su fuerza. Y en ese momento viene el jefe pez pero se electrocuta con un ordenador".
viernes, 9 de junio de 2017
Los ocupas han vuelto
El año pasado tuvimos unos pajarillos ocupas en nuestra terraza, pero la cosa no salió muy bien, algo tuvimos que hacer mal porque abandonaron sus huevos.
Este año, más o menos a finales de abril, vimos que en la terraza de la cocina había por el suelo muchas plumas, pelo, pajas y otros materiales de construcción de nidos. Con esas pistas, se nos ocurrió mirar en la maceta vacía que tenemos en lo alto de la estantería, que es en la que el año pasado pusieron huevos los pajarillos ocupas. No habíamos llegado a quitar de ahí la maceta, quizás con la esperanza de que nos dieran una nueva oportunidad y nos volvieran a visitar. Estaba claro, los pajaros volvían a construir su nido ahí, incluso los veíamos entrar y salir por entre las lamas de la ventana.
A los pocos días, veíamos que no seguían construyendo su nido, pero sí que estaban dentro de él porque cuando abríamos la puerta salían volando asustados. Fue entonces cuando vimos que habían puesto 4 huevos y los estaban incubando. A los pocos días ya había 5 huevos. Aprovechábamos a mirar cuando no estaban y con mucho más cuidado que el año pasado porque no queríamos estropear nada.
Al poco tiempo nos enteramos de que los pájaros en cuestión eran gorriones y que se trataba de una pareja. Estuvimos buscando información al respecto y resulta que estos pájaros viven en pareja y pueden incubar varias tandas de huevos a lo largo de la temporada. Ya distinguíamos claramente quién era el macho y quien la hembra y veíamos como se turnaban para incubar sus huevos. También supimos que los huevos eclosionarían en menos de 2 semanas. Teníamos mucho miedo cada vez que salíamos a la terraza por si se asustaban y volvían a abandonar el nido. Lo cierto es que era alucinante comprobar que se iban del nido asustados cuando salíamos pero se esperaban fuera en un muro que hay en la urbanización y volvían en cuanto sentían que ya no había peligro.
De pronto aparecieron varias pistas que nos indicaron que algo había pasado con los huevos: vimos a los padres llegar con algo en el pico y descubrimos que había una cáscara de huevo en el suelo. Como no podíamos más de la emoción tuvimos que mirar a ver qué había pasado. Resultó que los gorriones habían nacido. Solo se podía distinguir que eran pequeñísimos, no tenían plumas y estaban cubiertos en algunos sitios por una especie de pelo fino. No podíamos saber cuántos eran en ese momento. Pero sí nos dimos cuenta de que debían tener mucha hambre porque los padres no hacían más que ir y venir con comida.
A la vuelta de un fin de semana que estuvimos fuera, descubrimos que algo no iba bien porque había un pajarillo muerto tirado en el suelo, a cierta distancia del nido como para pensar que se había caído él solo. Dedujimos que este pájaro había muerto hacía poco tiempo porque ya no era recién nacido y los padres lo habían sacado del nido. Dos días después vimos otro pajarillo colgando por fuera de la maceta. Este sí que era recién nacido, por lo que supusimos que llevaba muerto desde el principio y los padres lo habían sacado para mantener a los otros 3 sanos y salvos. Nos dio mucha pena, pero son las cosas que pasan en la naturaleza.
Durante un tiempo, los padres no hacían más que entrar y salir con comida. Se veía claramente qué tipo de comida traían: insectos, larvas, arañas. Nos daba cosa tender la ropa en nuestro tendedero por si se ensuciaba con esos bichos, pero nunca hemos notado nada. En muchas ocasiones coincidía que estábamos tendiendo la ropa cuando venían con la comida y entonces ellos se esperaban fuera, apoyados en las máquina del aire acondicionado. Pero a los pocos segundos volvían a intentar entrar de nuevo. Tantas veces lo intentaban que lo que ya hacíamos era salirnos de la terraza para que no se asustaran y que llevasen la comida al nido. Cuando veíamos que se iban, continuábamos con nuestra tarea. En los últimos días ya no se asustaban tanto cuando estábamos fuera.
Con mucho miedo, cada 3 o 4 días íbamos mirando el nido para ver su evolución. Vimos cómo crecían de rápido y se iban llenando de plumas, cómo empezaban a piar y lo hacían cada vez más fuerte. Y sobretodo nos dimos cuenta del gran trabajo que hacían esos padres para alimentarlos.
La última vez que se me ocurrió mirar el nido, a las tres semanas de eclosionar más o menos, ví que habían crecido muchísimo. Me dí cuenta de que sólo había 2, algo había pasado. Me dispuse a hacerles una foto y de repente uno salió volando y se metió hacia la cocina. Del susto llamé corriendo al príncipe A y a la princesa Zeta para contárselo y además para que lo buscaran porque yo no lo veía por ningún sitio de la cocina. Resulta que se había metido debajo del armario de la entrada. Lo recuperaron y al intentar dejarlo de nuevo en el nido, el otro voló también y se escondió en la estantería, entre las cosas que allí se almacenan. ¡La que habíamos liado!
Lo que sucedió a partir de ahí fue que solo conseguimos volver a dejar uno dentro del nido y en su sito de nuevo. A los pocos segundos se subió desafiante al borde de la maceta y desde allí nos observaba, creo que incluso riéndose de nosotros. Y encima no se le ocurrió otra cosa que volar hasta detrás de la lavadora. En ese momento llegó la madre con comida y vio que sus polluelos no estaban en el nido. Miraba hacia el sitio donde se oía piar al pajarillo pero tampoco hizo nada por buscarlo, creo que estaba más preparada que nosotros para esa situación.
No sabíamos muy bien qué hacer e incluso pensamos en mover la lavadora para sacarlo, pero la princesa Zeta que observaba detrás de las cortinas nos dijo que ya había salido él solo. En ese momento vimos que era cierto, se estaba acercando andando por el suelo hacia la parte de la pared donde están las lamas. Después de la que habíamos liado, queríamos cogerlo para volverlo a dejar en el nido pero de repente, se escabulló por entre las lamas y ¡voló!.
Suponemos que sus hermanos ya hicieron lo mismo antes que él porque no los hemos vuelto a ver ni a escuchar. Los padres tampoco han vuelto al nido.
Y esta es nuestra bonita historia de segundas oportunidades. Tenemos una gran alegría por haber conseguido esta vez que los huevos sí salieran adelante y una gran tristeza por tener ahora un nido vacío. Pero, ¿quién sabe?, igual al año que viene nos vuelven a elegir.
viernes, 11 de noviembre de 2016
Historias de cumpleaños infantiles
En menudo lío nos metemos los padres la primera vez que organizamos o vamos a un cumpleaños infantil. Nos metemos ya en una espiral de celebraciones de la que ya no salimos hasta que ellos mismos organizan o van a su primer botellón (de refrescos, claro).
La primera vez que nos invitaron a un cumpleaños infantil fue cuando la princesa Zeta tenía 3 años, en primero de infantil. Y ya fue en un parque de bolas. La primera vez que invitan a tu hijo no sabes muy bien qué hacer, si llevar a tu hijo o no llevarlo. Si no lo llevas, piensas que tu hijo se va a quedar aislado y que ya no lo van a volver a invitar nunca. Y si lo llevas, te metes ya dentro del negocio, que igual es peor por las decepciones que se pueden llevar después.
La princesa Zeta celebró su primer cumpleaños en segundo de infantil y fue en casa. Invitamos a 5 compañeros de su clase, sus mejores amigos de aquel entonces, con alguna niña incluso había ido a la guardería. Ni qué decir tiene que no aceptamos regalos que hubiesen costado dinero, eso quedó claro en la invitación y así hicieron los invitados. Pero una madre le le hizo una especie de alfombrilla con fotos de sus compañeros de clase. Aún la tiene guardada en su estantería y le hace mucha ilusión cuando la ve.
Pero la bola de nieve empezó a crecer y crecer y pasamos a recibir muchas invitaciones de cumpleaños. Y no sé de dónde se sacó la bonita norma de que había que poner 10 euros de bote para comprarle un regalo al cumpleañero. Menos mal que al poco tiempo la tarifa bajó a 5 euros, se ve que empezó la crisis. Esta cantidad sigue instaurada a día de hoy y me sigue pareciendo excesiva. Alguna madre sugirió que se bajase esa cantidad, sobretodo si el cumpleaños lo celebraban entre varios, pero la propuesta fue desestimada.
En la clase del príncipe A hay instaurada una mejor manera, en mi opinión, de celebrar los cumpleaños. Hay 3 celebraciones al año, más o menos una por trimestre, y van todos los niños. En cada celebración se juntan de 4 a 6 niños para celebrarla. Aunque también se pone una cantidad en concepto de regalo para el cumpleañero, que suele ser de 2 euros por niño que cumple años. También es cierto que quien no puede pagar puede asistir a la celebración sin problemas. Sigo pensando que no habría que poner dinero, pero al menos es una cantidad mucho menor. Y además te quitas el problema de invitar a unos niños sí y a otros no, todos están invitados y ningún niño se siente discriminado.
En el caso de la princesa Zeta, excepto este último año, siempre ha invitado a todos sus compañeros. El año anterior no invitó a nadie, pero porque nos pilló en Chicago y pasó, según ella, el mejor cumpleaños de su vida. Algunas veces también se ha juntado con algún compañero para celebrarlo. A ella tampoco la invitan todos los niños de su clase, cosa que me parece normal, por otro lado.
Con respecto a invitar o no, nos hemos encontrado con situaciones bastante surrealistas. Una vez fue a un cumpleaños, invitada por un compañero y se encontró con que era una celebración compartida con otro compañero, el cual no la había invitado.
Pero la princesa Zeta, por suerte para ella, no se toma las cosas como yo y aprendo mucho de ella. Justo unos días antes de su cumpleaños, otro niño celebraba el suyo. La princesa Zeta no fue invitada a ese cumpleaños, aunque otros años sí lo había sido, incluso habían lo habían celebrado juntos en alguna ocasión. Pues pese a no ser invitada, ella sí quiso invitar a este compañero y así lo hizo, produciéndose una conversación muy didáctica, teniendo en cuenta que se trataba de niños que aún no habían cumplido 9 años:
-Toma Pepito, la invitación para mi cumpleaños.
-Pero, princesa Zeta, yo no te he invitado al mío. Vamos a hacer una cosa, te devuelvo la invitación y hacemos como que tú tampoco me has invitado a mí.
-No, no, yo sí que quiero invitarte a mi cumpleaños, quédate con la invitación.
Al final el niño sí fue a su cumpleaños y la princesa Zeta, una vez más, me dio una lección de cómo comportarse y resolver situaciones complicadas.
Y no ha sido esta la única situación complicada con la que ha tenido que lidiar la pobre. Tampoco fue invitada a otro cumpleaños que casualmente se celebraba en una bolera a la que nosotros también solemos ir. La cara que se nos quedó cuando al entrar vinieron un montón de compañeros suyos preguntándole si venía al cumpleaños, fue todo un poema. Por supuesto, no teníamos ni idea de que allí se estaba celebrando ese cumpleaños. Pero en fin, son cosas que pueden ocurrir en ciudades pequeñas.
Por suerte, por ahora no los he visto molestos o tristes por no haber sido invitados a un cumpleaños, cosa que sí he visto en otros compañeros. Al fin y al cabo son niños y lo único que quieren es verse integrados en el grupo y divertirse todos juntos.
viernes, 10 de junio de 2016
Tenemos ocupas en casa
En algunas ocasiones cuando he salido a la terraza de la cocina he escuchado como una especie de aleteo, como de un pájaro que está apoyado en las lamas de la ventana. Nunca he prestado más atención, pero las últimas veces he visto incluso al pájaro salir entre las lamas hacia la calle. Mis sospechas crecieron cuando vi al susodicho pájaro salir de una maceta vacía que está en lo alto de la estantería.
La princesa Zeta y el príncipe A, ya me había dicho que no sólo era un pájaro sino dos y distintos, vamos, de distintas especies.
Con la mosca detrás de la oreja fuimos a ver qué se cocía dentro de esa maceta y ¡sorpresa!, nos encontramos que habían construido un nido y encima habían puesto huevos.

No podía creer que nos emocionase tanto el hecho de tener ocupas en casa. ;)
Ahora esperamos que los pajarillos no se hayan asustado por tocarles el nido y aborrezcan los huevos.
La princesa Zeta y el príncipe A, ya me había dicho que no sólo era un pájaro sino dos y distintos, vamos, de distintas especies.
Con la mosca detrás de la oreja fuimos a ver qué se cocía dentro de esa maceta y ¡sorpresa!, nos encontramos que habían construido un nido y encima habían puesto huevos.

No podía creer que nos emocionase tanto el hecho de tener ocupas en casa. ;)
Ahora esperamos que los pajarillos no se hayan asustado por tocarles el nido y aborrezcan los huevos.
viernes, 20 de mayo de 2016
La verdadera historia de la cebra
Como ya conté en la entrada de los marcapáginas, la princesa Zeta y su padre rehicieron la historia de la cebra soñadora para contarla en el colegio, en un maratón de cuentos.
La princesa Zeta hizo esta bonita portada para su cuento:
y su padre, hasta se caracterizó para contar el cuento y hacerlo más creíble:
Vamos, que se lo trabajaron pero bien. Aunque los demás también colaboramos escuchando una y otra vez el cuento.
Aquí va la historia de la cebra, tal como sucedió. ;)
La verdadera historia de la cebra que
quería ser un caballo de carreras
Esta
es la historia de una cebra llamada Félix que soñaba con ser un caballo de carreras
..., en ir las carreras y correr, ganar muchas copas y tener un hogar donde un
jinete la cuidase y la quisiese mucho.
Por desgracia, en su sueño, los caballos con los que competía se reían de ella porque tenía rayas y parecía que había salido de la cárcel y eso hacía que se
sintiese infeliz.
Aún
así, nuestra cebra quería seguir siendo un caballo de carreras, pero no
cualquier caballo, quería demostrar a aquellos caballos que se reían de ella, que
podía ser la mejor. Pero sabía que para conseguir ser el mejor en algo se
necesita mucho trabajo y mucho esfuerzo... y es por esta razón que nuestra
cebra Félix se entrenaba todos los días.
Uno de esos días se encontraba entrenando en un precioso y extenso prado. Parecía que el prado no tenía fin,
la hierba que lo cubría hacia que pareciese una alfombra verde y cubierto de
flores de diferentes colores. El viento que corría hacía que las hebras de hierba y las flores se meciesen al son de la brisa.
Pues
en ese prado se encontraba nuestra cebra. Corría muy veloz, tan veloz que las
flores salían despedidas a su paso, parecía que fuese flotando sobre la hierba.
En su carrera vio a una niña muy guapa con el pelo rubio, de ojos marrones, con
un pantalón verde y una camisa a rayas rojas y blancas, que se encontraba ensimismada,
embobada al ver un animal tan hermoso, esa cebra con su rayas blancas y negras,
- rayas que son horizontales en su cuerpo y verticales en sus patas -.
La cebra vio a la chica y se acercó:
-Hola -se presentó a la niña-. Soy la cebra Félix y quiero ser un caballo de carreras Ir
a las carreras y correr, ganar muchas copas... Pero me siento triste e infeliz
porque algunos caballos se ríen de mí porque tengo rayas blancas y negras.
Decía que no quería ser una cebra triste y fea con sus rayas blancas y negras
que quería ser alegre y bonita como los colores del arco iris.
La niña se quedó perpleja de lo que estaba
escuchando, no entendía nada:
-Amiga cebra, ¿por qué dices eso?¿Cómo se pueden reir de ti esos caballos? Tú eres igual que ellos salvo en tus rayas negras y blancas que te hacen ser
especial, quizás por esto se rían de ti.
(¿Sabéis
quienes se ríen y se burlan de los demás? Los que son crueles y no tienen corazón, porque quieren hacerse los graciosos a
costa de otros sin pensar que eso les puede herir los sentimientos y
hacer que se sientan muy tristes.)
-No
debes hacer caso de lo que digan los demás. Tú eres muy hermosa, el blanco y el negro son también colores
bonitos. Mira lo dulce que es la música de un piano
con sus teclas blancas y negras. O mira el juego del domino con sus fichas
negras y blancas lo divertido que es.
Ante
las palabras de aquella niña, nuestra cebra Félix reflexionó y se dio cuenta de que
realmente había cosas blancas y negras que representaban cosas hermosas y si
ella tenía rayas blancas y negras también podía serlo. Se empezó a sentir mejor y tanto le gustó la idea que pensó en pintarse algunos de
sus dientes de color negro.
La
cebra le siguió contando a la niña que también le gustaría tener un hogar donde la cuidasen y encontrar a alguien que la quisiera y con quien poder entrenar mucho
para ser la mejor en las carreras.
La
niña, que tenía un corazón muy grande, escuchando todo aquello, no se lo pensó ni un instante y quiso ayudar a su nueva amiga y le dijo:
-¿Por qué no te vienes
conmigo a mi casa? Te cuidaré y
entrenaremos mucho para ser la mejor caballo de carreras.
La
cebra, loca de contenta, aceptó encantada y se fue a la casa de la niña donde
pasaron mucho tiempo juntas y se hicieron muy buenas amigas. Se veía muy feliz,
estaba muy orgullosa de ser quien era y de tener la mejor amiga del mundo.
Corrieron
muchas carreras y ganaron muchas copas,
se había convertido en una cebra muy famosa, era muy aclamada por todos. Pero
de entre todas las carreras, había una muy especial que quería correr, todo el
trabajo y esfuerzo de nuestra cebra estaban enfocados a un sólo propósito,
poder participar en la carrera de campeones, ¡la gran carrera de la herradura
veloz! En esa carrera sólo podían participar los mejores caballos de
carreras, los más veloces del planeta y de esa carrera saldría el mejor caballo
de carreras del mundo... ¡esa era su gran carrera!
Fue
pasando el tiempo y por fin llegó el gran día. Nuestra cebra se levantó temprano y
se puso sus mejores herraduras. Estaba muy nerviosa y cuando entró al hipódromo vio que estaba abarrotado de espectadores que habían ido a ver la gran carrera. Todos reconocieron a nuestra cebra Félix y se levantaron para vitorearla y para aplaudirla.
La
carrera iba a comenzar y todos los participantes se dirigieron
a la línea de salida. Se colocaron en sus correspondientes cajones y comenzó la
cuenta atrás: tres, dos, uno, pum... Salieron todos corriendo.
La carrera estaba muy igualada, todos corrían muy veloces, todos se habían preparado la carrera
muy bien. Nuestra cebra no perdía ritmo y se encontraba siempre en las primeras
posiciones. La carrera estaba siendo muy disputada. Según se aproximaban a la
meta algunos caballos se iban
descolgando, pero nuestra cebra continuaba junto a los primeros. Iba
transcurriendo la carrera hasta que por fin llegaron a la recta final y ya sólo
quedaban dos: nuestra cebra y nada más y nada menos que el ganador de la
edición anterior, el mejor caballo hasta la fecha.
Se
iban acercando a la línea de meta, estaban cabeza con cabeza cuando iban a
cruzar la línea de meta y entonces ... La
cebra saltó sobresaltada de la cama, estaba un poco
aturdida de tanta emoción, no sabía donde se encontraba, pero rápido comprendió
que estaba en su habitación, metida en su cama. Todo había sido un sueño, un bonito sueño. Se acordaba de todo
y estaba tan excitada y emocionada con todo lo que había sucedido en su sueño
que ese día supo que es lo que de verdad quería ser: un caballo de carreras.
Pues,
ni corta ni perezosa, se levantó inmediatamente de la cama, se puso sus mejores
calzones de deporte, sus mejores herraduras y salió a entrenar, sabía que
cuanto antes empezase antes podría ver su sueño cumplido.
Desde entonces, nuestra cebra todos los días sale a
entrenar porque aquella cebra sabía que solo con tiempo, trabajo y con esfuerzo
algunos sueños se pueden alcanzar, y ese era el suyo.
Para lograr grandes cosas hay que ser grandes
soñadores.
viernes, 2 de octubre de 2015
viernes, 18 de septiembre de 2015
Lo habrás soñado
El príncipe A estaba la otra noche lloriqueando en su habitación porque había sido castigado:
-Yo también quiero ver los dibujos, como la princesa Zeta.
-Ya. Es que tú estás castigado. ¿No te acuerdas?
-No, ¿por qué?
-Pues porque has estado haciendo burla mientras los demás hablan y después de decirte que no lo hicieras, has seguido igual.
-No, ¡qué va, mamá! Lo has debido soñar.
viernes, 14 de agosto de 2015
La cebra soñadora
Esta es la historia de una cebra que soñaba ir a una carrera de caballos. Pero claro, con ese look carcelario, lo tenía bastante complicado. :)
viernes, 12 de junio de 2015
lunes, 11 de mayo de 2015
Green Mill
Si las paredes hablaran ... Esto es lo que dice la página web del establecimiento Green Mill Cocktail Lounge en Chicago. Y no es para menos, ya que era el bar favorito de Al Capone y su banda. Y según dicen tiene pasadizos secretos que lo comunican con los edificios contiguos.
Hoy en día es un bar donde puedes disfrutar de un concierto de jazz del bueno por el módico precio de 5 dólares la entrada.
A nosotros nos tocó disfrutarlo desde la barra del bar porque, aunque llegamos con media hora de antelación, todas las mesas ya estaban ocupadas. Pero la verdad es que no nos importó mucho, la cerveza estaba muy buena y muy fresquita y el ambiente y la compañía inmejorables. Por cierto, que otra vez dejamos a los niños con nuestra canguro favorita.
El ambiente del bar era muy variado, desde gente muy joven y vestidos de manera informal hasta gente mayor y bastante elegante. Y luego nosotros, inclasificables, bueno, los de la pinta de turistas. ;)
Una cosa muy curiosa es que nos habían dicho que una vez que empezase el concierto, no se podía hablar y había que estar en silencio todo el tiempo. Pero nada más lejos de la realidad. La gente siguió hablando como si nada, como en un bar normal. Hasta hubo alguna pareja que se puso a bailar. Aunque nuestra pasión por el jazz no llegó a tanto.
Está en 4802 N. Broadway, tienen un parking gratuito cercano por si vas en coche y es totalmente recomendable.
lunes, 27 de abril de 2015
Reinventando el Volcano
El que cumplió años la princesa Zeta fuimos a celebrarlo a un restaurante muy chulo que se llama Rainforest.
Se trata de una cadena con un montón de restaurantes en Estados Unidos y algunos pocos en el resto del mundo. Además de estar decorado como si fuese una selva, con vegetación, peceras, cascadas y animales que hacen ruido cuando menos te lo esperas, tiene una zona donde puedes comprar desde camisetas a muñecos con la imagen del restaurante.
La comida es la típica de los restaurantes americanos como hamburguesas, costillas, etc. y lo que han recogido de la cocina mejicana: burritos, fajitas, etc.
La comida es la típica de los restaurantes americanos como hamburguesas, costillas, etc. y lo que han recogido de la cocina mejicana: burritos, fajitas, etc.
Pero lo que realmente es original es el postre. Si te pides un "volcano", que es el postre de la foto, vienen unos cuantos camareros a traértelo, bengala encendida incluida, y te cantan el cumpleaños feliz.
Y eso es lo que le pasó a la princesa Zeta, que alucinó cuando vinieron a cantarle el cumpleaños feliz, o fuera lo que fuese esa canción, que como no era el de toda la vida, pues no nos enteramos muy bien.
Pero resulta que el postre duró poco porque hubo cuatro manos pequeñas que se encargaron de destrozarlo y la princesa Zeta se enfadó un poco.
Pero resulta que el postre duró poco porque hubo cuatro manos pequeñas que se encargaron de destrozarlo y la princesa Zeta se enfadó un poco.
Así que, cuando volvimos a casa, decidimos intentar hacerlo y creo que no nos salió muy mal.
En el centro lleva bolas de helado variadas, las que teníamos por casa. Y el bizcocho está hecho con la receta de la torta de almendras pero sin almendras y con dos cucharadas de cacao.
Gracias a los tíos y primos por llevar a la princesa Zeta a celebrar su cumpleaños a un sitio tan chulo porque seguro que nunca lo olvidará.
Gracias a los tíos y primos por llevar a la princesa Zeta a celebrar su cumpleaños a un sitio tan chulo porque seguro que nunca lo olvidará.
viernes, 24 de abril de 2015
Una de aeropuertos
Pasar el control del aeropuerto puede ser muy estresante. Sólo les falta decirte que te coloques tú en la bandeja para pasar el escaner porque lo demás hay que ponerlo todo: mochilas, bolsos, abrigos, cinturones, relojes, móviles, cámaras de fotos, muñecos, botas, otros dispositivos electrónicos, etc. Hasta una chaqueta fina que llevaba querían que la pusiese en la bandeja. Por no hablar del tema de los líquidos, que hay que llevarlos visibles en una bolsita aparte.
Si vas con niños hay que sumar sus cosas, aparte de tener mil ojos para que no se metan por donde no deben.
Pero los niños no son los que más guerra dan, qué va, los adultos son peor. La siguiente escena una vez se pasados por el detector y éste ha pitado como un loco:
-Policía: ¿Se ha quitado usted el reloj?
-Adulto: No (levantando los brazos y enseñando un reloj en cada muñeca).
-Policía: ¿Se ha quitado usted el cinturón?
-Adulto: No (subiéndose la camiseta y enseñando el cinturón).
-Policía: Vamos a hacerlo más fácil, ¿se ha quitado usted algo?
-Yo: %&·$%"·$
Lo anterior fue a la ida, con la suerte de que el policía era español y no se tomó a mal que hubiésemos pasado olímpicamente de las indicaciones para pasar el control. Pero es que a la vuelta, como no podía ser menos, también tuvimos que dar la nota. Sólo intentamos colar, sin querer, dos botellas de agua. Pero ahí estaban los policías americanos para darse cuenta a tiempo y evitar el peligro de que mojásemos la tapicería de los asientos de la sale de espera. ;)
viernes, 30 de enero de 2015
La verdadera historia de Cleopatra
La princesa Zeta, además de aburrirse mucho, tiene mucha imaginación. Y en lugar de echarse la siesta, como corresponde a una tarde de domingo, y como intenta el resto de la familia, le da por dibujar historias. En esta ocasión, una recreación de la historia de Cleopatra, con sus dibujos y sus textos.
Para su madre, sencillamente genial. ;)
Era una niña buena y amable con los demás niños, pero tenía miedo de que cuando la coronaran no estuviese preparada.
Entonces llegó el día de la coronación. Cleopatra estaba muy contenta.
Habían empezado a hacer la pirámide para Cleopatra.
Un determinado día a Cleopatra le picó una serpiente.
Y murió y se la llevaron a su pirámide.
Después de muchos años, un chico descubrió la tumba de Cleopatra.
Después cargaron la tumba en los camiones para que la llevaran a un museo.
Y la llevaron al museo de momias.
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